La escritora Lorena Sanmillán homenajea a la revista Selecciones, la tradicional publicación que este mes llega a su edición número mil.

Mido 18.5 cm x 13 cm. y peso cerca de 100 gramos. Mi peso y tamaño me hacen fácil de transportar y soy ideal compañera de viajes, para días de campo o salas de espera. Mi formato es un tamaño de publicación más pequeño que una revista convencional, pero más grande que un libro de bolsillo normal; gracias a mí, lleva el nombre de formato digest porque ha sido una de las características que conservo desde 1940. Con el número de marzo de este 2024 celebro 1000 ediciones. Tengo 144 páginas.Mi contenido es conservador, resalta los valores familiares y es apto para todo público. Ahora soy impresa a colores, con numerosas imágenes, en hojas de papel reciclado y algunas otras de papel couché. Mi diseño exterior se convirtió en un clásico inconfundible: en la portada sólo venía el índice y como contraportada una pintura.

Mis oficinas sede están en Manhattan; comencé mi camino editada en inglés y en la actualidad tengo 31 versiones en 17 idiomas. Mi slogan, desde hace mucho tiempo, me denuncia La revista más leída en el mundo. Soy el sueño de DeWitt Wallace y Lila Bell, su esposa. DeWitt estuvo hospitalizado, leía mucho; al salir del hospital quería compartir los artículos que le habían impactado en algunas revistas y reunirlos en un solo volumen. Les propuso el proyecto a varios editores, todos lo rechazaron. Lila le animó a que lo editara él mismo. Tomó 55 dólares de sus ahorros e imprimió menos de un centenar de copias. Mis primeras ediciones tuvieron 30 artículos: uno para cada día del mes; mi particularidad era -y es- que dichos artículos aparecían condensados, lo cual me ha llevado a tener tanto simpatizantes como detractores. DeWitt sostenía que el lector tiene poco tiempo y necesita llegar pronto al meollo del asunto. Comencé a ser distribuida por correo, a 50 amigos cercanos del matrimonio. Actualmente tengo más de 1000 millones de suscriptores tan sólo en mi edición en español, que comenzó en 1940.

Tengo secciones fijas como La risa, remedio infalible, Así es la vida, Citas citables o Enriquezca su vocabulario, Noticias del mundo de la medicina; siempre, al final de mi ejemplar, la Sección de libros. Entre mis artículos destacan remedios caseros, actualidad de la ciencia y la tecnología, casos de la vida real, consejos para vivir mejor.Además, tengo mis ventas de Libros Selectos -también condensados- y, cuando me asocié con RCA, ofrecí discos de vinilo con colecciones de música clásica y los artistas de moda.

He sido una de las revistas familiares más famosas del mundo, aunque a partir del año 2000 mis suscriptores van en declive. Me he tenido que adaptar a las nuevas tendencias y ahora tengo página web, redes sociales y algunos de mis artículos pueden escucharse llegando a ellos por medio de un QR.  Por un tiempo fui reliquia de coleccionadores y me vendían en los puestos de libros usados por algunos pesos. Hoy casi nadie me compra ni me intercambia.

Fui una de las primeras revistas que conoció Lorena. Aunque hace mucho que no llego a su hogar e incluso se ha cambiado de casa. Su familia tuvo suscripción ininterrumpida desde inicios de 1960 hasta casi finales de los 90. En el 2000, con los gastos de la maestría y otros intereses en sus lecturas, dejó de comprarme.

Sabía que tenía que llamarle la atención cuando fuera al puesto de periódicos de don David a donde acude cada miércoles para comprar su colección de las Novelas eternas. Era mi número mil y quería estar con ella. Me engalané con mi portada en azul rey con un enorme 1000 en blanco. Secuestré un rayo de sol para resultar más atractiva. Entré en sus pupilas y recordó que, a partir de mí, comenzó a leer revistas. Llegaba a su casa, más que puntual a la cita, los primeros días del mes o antes. Pasaba de mano en mano por toda la familia; su padre en primer turno. En sus primeros años, por el tamaño de sus manitas, le parecía inmensa y me apoyaba en la mesa para sólo ver las imágenes; llenaba mis hojas de mermelada y crema de cacahuate. Mi edición de noviembre y diciembre, con el catálogo de juguetes era su tesoro más preciado. En mis páginas finales venía insertado un mundo de deseos en papel: El hombre elástico, Chutagol, Lagrimitas Lily, La casa del árbol, pistas de carreras donde el brillo de sus pupilas excedía los límites de velocidad dándome vueltas una y otra vez. Los más nostálgicos les han sacado foto o escaneado y comparten mis hojas ancestrales en los grupos Retro de Facebook. Cuando ve esas fotos se vuelve a enamorar de mí, así como de las colecciones Maty, con ropa lindísima, impagable para su economía.

Cuando aprendió a leer, le daba mucha risa que mi editora de ese momento se llamara Blanca Sierra, sólo ella entendía el chiste y, derrotada, volvía a sentarse en silencio junto a mí. Adoraba la sección de Enriquezca su vocabulario, donde ofrezco una palabra inusual y cuatro posibles definiciones para que mis lectores elijan la correcta. Después pretendía usarla y algunas veces le llamaban la atención por esas palabras extrañas que pronunciaba.

Es verdad, he de reconocer mi fracaso, nunca le han gustado los Libros Selectos que edito, pero es una gran lectora y completa religiosamente sus colecciones. Guarda con especial aprecio su ejemplar del Pequeño instructivo para la vida que tuve a bien incluir en mis artículos.

El número 1000 en mi portada llamó su atención. Se asombró y supe que me llevaría con ella. Su mirada transparente nunca ha podido ocultar el enamoramiento por las letras que le muestro desde hace 50 años. Preguntó el precio, volvió a asombrarse, y me pusieron en una bolsa de plástico que fue a dar a la cajuela de un coche compacto como los que rifé en muchas ocasiones para el Suscriptor afortunado donde se escuchaba la música que proviene de una plataforma streaming.

Su familia ha sido amante de la música y muchas de las compilaciones que yo ofertaba los acompañaron varias tardes Los XV años de la Sonora Santanera, Rocío Dúrcal y Juan Gabriel, Aquellos años del rock, Tríos. La llegada de un nuevo álbum se convertía en motivo de algarabía y unión. Todos los hermanos se juntaban alrededor del tocadiscos para abrir la caja que contenía horas y horas de música. Después, había que hacer los pagos mes tras mes en el banco o hacer un giro con porte pagado. En ese sentido, mis estrategias de mercadotecnia siempre fueron vanguardistas, sutiles, manipuladoras. Todo lo pongo fácil para mis clientes: si no te gusta, puedes devolverlo con porte pagado, pero al regreso recibirás más propaganda. Alguna vez me metí en problemas por los Sorteos del lector afortunado, pues en letras enormes señalaba que ya habían ganado, mientras que las letras pequeñas informaban de las fases que aún había que recorrer quien deseara participar en mis sorteos. En algunos países fui acusada de fraude y suspendieron mis rifas.

En su estudio tiene el globo terráqueo que puse en oferta en 1982 y atesora el Desfile mágico de Disney que su hermano Daniel le regaló: fueron sus primeros libros, suyos de ella. Sus primeros intentos de cocina los hizo con mi sección Pasemos a la mesa. Inocente, nunca se dio cuenta que eran puros anuncios disfrazados de ideas, e incluso hoy, cuando prepara la sopa de cebolla que hizo por primera vez en 1989 va a comprar mantequilla de una marca específica. Conmigo desentrañó el secreto de preparar spaghetti, que le parecía un portento de dificultades, pero yo se lo hice ver de lo más sencillo. Cuando cocinaba a su lado, quedaba salpicada de pimienta, jugo de tomate y demás especias. Mientras esperaba que el platillo estuviera listo, aprovechaba para leer los nuevos artículos. Soy para un mes, alguien debió decirle, pero generalmente terminaba de leerme en un par de días.

Antes le gustaban mis chistes y anécdotas; con el tiempo se ha ido depurando su sentido del humor. Dos de ellos se han quedado en su memoria para siempre y de cuando en cuando los saca a pasear en alguna reunión donde inevitablemente son un suceso. El primero venía en una edición de octubre, me autoparafraseo: es imposible que lo recuerde textual, si tomamos en cuenta que he publicado en promedio ocho anécdotas de Así es la vida y Chistes para contar en cada uno de mis números. Se trata de una niña que va a la casa del terror y de pronto se le aparece un hombre disfrazado de Frankenstein. La niña grita, llora, y el hombre en el disfraz se conmueve. Niña, ¿te doy miedo? No, ¡ya tengo mucho! En el otro, de una edición de diciembre, la señora de la casa organizaba una cena para los jefes de su marido. Había comprado unas toallas de mano finísimas para el baño de visitas y las había colocado a media tarde con un recado para disuadir a sus hijos de que las usaran: ¡Si usan esto los mato! Durante la cena ella observó que sus invitados se sacudían las manos. Al día siguiente, mientras aseaba el baño, se dio cuenta que se le había olvidado retirar la amenaza de papel.

Tenemos juntas también un recuerdo no muy grato. Antes de saber leer, en algún momento Lorena comenzó a hacer sacapiojos de papel. El papel couché donde venían mis anuncios resultaba muy resbaloso y pesado así que los hizo con las hojas sin brillo que era justo donde venían mis artículos. Su padre la regañó hasta el hartazgo pues había tomado mi número más reciente.

He sabido ser muy didáctica y académica. Uno de sus libros favoritos lo edité yo: La fuerza de las palabras. En él había condensado reglas gramaticales, ortográficas, sintácticas; para ella era como un gigantesco Enriquezca su vocabulario donde aprendió mucho sobre escribir y redactar. A veces sólo le gustaba leerlo por leerlo. No es lo mismo los azules libros a los libros azules. ¿Dónde van los adjetivos? ¿Cómo que existe un lenguaje figurativo y otro demostrativo? Le encantaba también Guía familiar de soluciones ingeniosas y hasta la fecha, cuando alguna de sus prendas tiene una mancha le pone un hilo para verla cuando se remoje pues al contacto con el agua, la tela queda del mismo color: ese consejo lo aprendió ahí. Recuerda con especial nostalgia las noches de principios de los noventa, cuando su hermano Moisés comenzó a poner una y otra vez los casetes de su curso de francés. Ella compró el de inglés. Hoy, esos casetes quedan sólo como un recuerdo para la posteridad. Quizá soy mi propio caso para Dramas de la vida real, la sección donde edito historias de sobrevivencia, aprendizaje y romanticismo exacerbado.

Me ha encantado volver a casa y que me ponga en sus libreros. Celebro verla a sus 50 años. Sus manos han crecido y quepo cómodamente entre ellas.  Sé que ahora tiene una novela y escribe estos artículos en Ruta Familiar.  Cada tanto ha enviado diversos textos para mis secciones, pero nunca ha sido seleccionada. No sé si algún día le daré ese gusto. Para despedirme, quiero decir que, si en Lorena tenemos un boceto de escritora, quizá deban culparme a mí, que mes tras mes la disuadí de estudiar medicina, con esa serie de artículos medio didácticos, medio lúdicos, que se llamaban Soy el corazón de Juan, Soy el cerebro de Juan, Soy el útero de María, etcétera, donde se atendían las características fisiológicas y prosopopeyas de nuestros órganos vitales mostrando de forma simple lo que de suyo es complejo. Sí, reconozco mi parte de culpa. Iré por el número 1001 y por todos los que pueda. Una idea rechazada puede ir muy lejos si quien la tiene, al contrario de arredrarse, persevera.