Soy una cursi. Me emboba la Ceremonia Olímpica. Tanto que ni siquiera he podido escribir acerca de la inauguración y el sublime momento en que Celine Dion interpretaba el Himno al amor en la Torre Eiffel mientras un globo aerostático se alzaba con la llama olímpica y mis ilusiones de que la torre se convirtiera en un pebetero natural. Toda emoción lloraba sobre mi teclado, viéndola a medias, entre el trabajo y los recuerdos de la primera vez que vi un globo aerostático y mi amor por esa ciudad.
Hoy, como un clavadista en el trampolín, quiero escribir sin tanto artilugio. Lanzarme al agua en tiempo real. ¿Tiempo real? ¿Hay un tiempo que no sea real? Son muy interesantes las construcciones gramaticales que hacemos para expresar lo que acontece.
Es domingo de descanso y mando a reposar las ansias ensayísticas que da todo suceso mundial. Sólo escribo desde mí. Mis recuerdos, reflexiones y vivencias.
En la explanada del Jardín de las Tullerías, alguien canta Sus le ciel de París. ¿Quién canta? No sé. Qué emotivo recordar París, ese 1997, la muerte inconcebible de la Princesa Diana y descubrir a Edit Piaf.
Los Campos Eliseos. ¿Cómo no pensar en Víctor Hugo, en Jean Valjean y Cosette? ¿Dónde andará paseándose Fantomas? ¿Será que por ahí anda de vez en cuando el espíritu de Balzac? La deliciosa música. El coro. El rey francés de los JJOO. Se apaga el globo aerostático cuando el medallista toma una porción de él para llevarla al estadio donde sucederá la clausura. Toma el fuego y se lo lleva. Elegante. ¿Por qué? No se apagaba hasta el final y era desgarrador ver apagarse el pebetero. La inauguración fue afuera del estadio y eché mucho de menos ese momento en el que todos los atletas convivían bajo un mismo techo.
La cámara hace un paneo con la gente en el estadio. ¿Y si de pronto viera un muerto? ¿Y si viera un conocido? En algún evento deportivo importante alguna vez detuvieron a un prófugo de la justicia por las fotografías oficiales del estadio. ¿Siempre será así? ¿El FBI y la Interpol siempre están vigilando?
La directora de orquesta es una mujer muy entusiasta que no tiene la menor intención de ocultar su alegría. Los músicos con tenis. Compases sencillos. Euforia desatada. ¿Se puede atar la euforia? La cámara enfoca al presidente de Francia que acudió a todos los eventos que pudo. El estadio se pone de pie para escuchar el Himno Nacional de Francia.
Los atletas abanderados entran al estadio. Algunos llevan sus medallas. Asistieron a la inauguración con todas sus ilusiones. A la clausura van con sus sueños cumplidos, lesiones o frustraciones. Qué lindos se ven con las medallas. El triunfo tiene rostros. Entran en bola el resto de los contingentes. Antes llevaban cámaras analógicas, incluso recuerdo, en Atenas que alguien llevaba cargando una videocámara; ahora llevan los más modernos celulares. Un cinturón de flashazos adorna el estadio, reafirma su forma elíptica. ¿Cuántas fotografías se tomaron durante estos 17 días? ¿Cuántos post se hicieron en las redes sociales? ¿Algún español tendrá uno de esos cartones que repartieron para formar ese gigantesco ¡HOLA! en las gradas del estadio?
¿Por qué me conmueve tanto? Me fascina que presuman su medalla, que cacareen su huevo, que celebren su triunfo. ¡Hala, bravo! Qué deliciosa sensación ver a un ser humano cumpliendo su meta. El triunfo es suyo, aunque oportunistas del nacionalismo le digamos nuestro.

Es la fiesta de todos. ¿Va a llegar el maratonista? ¿Ya no se hace así? Antes se dejaba el espacio para la última vuelta y con eso terminaba la olimpiada, llegando al estadio olímpico el ganador del maratón.
Qué hermosa es la belleza de la juventud. La juventud del atletismo. Se rompen las hegemonías en diversos deportes. ¿Será cuestión genética? ¿De raza? ¿Convicción? ¿Cuestiones políticas y apoyo gubernamenta y patrocinios? Si decías Rusia o Rumania decías medalla de oro en gimnasia. Nunca me ha dado por la gimnasia y jamás he intentado una maroma.
Lo más cerca que estuve de una medalla olímpica fue cuando en 1992 expusieron en la facultad de Arquitectura las medallas de los Sapitos Salazar y cuando fui a ver las medallas que Raúl González “El matemático” obtuvo en Los Ángeles 1984, que eran la joya del Museo de la Fama en la Cervecería Cuauhtémoc.
El canto a los Campos Elíseos trae a mi mente la única vez en mi vida que compré una bolsa LV. Enseguida, Freddy Mercury, infaltable con su himno We’re the champions. Qué maravilloso ver personas disciplinadas, que siguieron sus sueños, que no le dijeron que no a su talento. Cierto, hay muchos otros factores y quizá mi visión es reduccionista. Sólo quiero guiarme por lo emotivo, también tenemos derecho a manifestar la emoción antes de la reflexión.
Premiación del Maratón. Iba a correr uno el año pasado, pero la cirugía se interpuso. Un recorrido desde París hasta Versalles. ¡Qué emoción! Si algún músculo les duele, seguro olvidan el dolor al tener sobre el pecho la medalla. En lugar de untarse Vick Vaporub, una medalla de oro, con fragmentos de la Torre Eiffel que sana toda dificultad.
Pienso en la frustración de los atletas ante el Covid, cuando se pospusieron los JJOO; sí, la necesidad de sobrevivir, pero saber que a cambio estaban, estuvieron 4, 8 o 12 años de preparación. Para varios de ellos se cumplía el límite de edad.
Celebro que se haya abierto la posibilidad para todo el público de correr el maratón en la misma ruta. Queda la ilusión de volverlo a intentar como David Toscana lo hizo mientras escribía El ejército iluminado y pretendía darle mayor credibilidad a su personaje.
Los voluntarios pasan al frente. Qué lindo momento para rendirles tributo. De todas las edades. Gracias por todo lo que hicieron por los atletas.
La oscuridad previa el show. Sólo las luces de la orquesta. Sincronizar percusiones con los chispazos de lo que ante mis ojos miopes es un mapamundi. De los cielos baja un hombre vestido de dorado, o quizá puede ser una mujer. Continentes reducidos a la geometría fractal. Entre la bruma y ríos de lava el hombre hace piruetas. Vuelve el enmascarado jinete de la obertura y trae consigo la bandera y el himno de Grecia. Nike. La Victoria de Samotracia. No. Tacha.

La pudieron hacer más bella. Nunca quedará como la que llevo en la imaginación. Recuerdo mis lágrimas a sus pies. Nadie debe perderse el subir por la escalera del Louvre para admirarla.
Sugiero que para LA2028 pueden usar la misma música de 1984 modernizada, se lucieron con ella. Gabriel tendrá 18 años cuando eso suceda. No sé si me conmueve la música por ser bella en sí misma o por si a mis 8 años fueron las olimpiadas más conscientes hasta ese momento de mi vida y la gran alegría de la medalla del Matemático.
Acrobacias, coordinación, horas de ensayo. Partituras modernas con instrumentos tribales. Un piano vuela, los estatocistos del pianista deben estar alucinados. Himno a Apolo. Para ser distinto basta un giro. Si está vestido de cintas VHS, el pianista debe estar muerto de calor, digo desde mi avatar menopáusico que apenas aguanta una delgada camiseta. Los aros giran en el escenario. Círculos de eternidad. Principios sin final. Movimiento eterno. La maravilla de mi sorpresa cuando leí que representan todos los colores de las banderas. Que cada bandera tiene por lo menos uno de esos colores. Se forman los aros olímpicos y ahora sí hay un poco de pólvora.
Denis, Denisse, como nombre de ciudad, de un hombre o de varias mujeres. El estadio Saint Denis al volver de Brujas. Evoco la voz de José Ramón Fernández. Invitan a los atletas al centro, a poblar el mapa. No tengo idea quién canta. Reconozco mi ignorancia. Hay que estar preparado siempre. Los atletas están felices. Suerte que ellos sí saben quiénes son los que están en medio del escenario. Mi anacronismo y nostalgia suplican por Jarré al tiempo que me pregunto ¿Qué será de ese niño, Jordi, el one hit wonder que sostenía que era muy duro ser bebé?
Canta otra chica, muy linda, sílfide cantora, que tampoco conozco. La actualización permite estar en la onda. De nuevo otro grupo o quizá es el mismo pero no los he memorizado. Lo que de uno es nuevo, para el otro es viejo y viceversa. Ya me acordé por qué no vi la de Londres. Yo solucionaría las cosas invitando a Madonna. Lo que no sé es cómo armaría el esquema conceptual que la justificaría. No, tranquilos, no le pediré que cante ninguna de Edit Piaf, aunque si Enrique Iglesias se atrevió a grabar On est bien, ¿por qué no? Otro grupo y otra canción de la que no tengo la menor idea. Escucho con atención. Suena a varias. ¿En Grecia pusieron a Yanni? No me acuerdo en qué desfile tocaron sus piezas. Inolvidable Sydney y Dancing Queen con Kylie Minogue y Barcelona con los caballos blancos danzando al compás del concierto de Aranjuez. Termina el grupo y ven el público. Como que no se la creen.
El fuego olímpico. El recorrido de la antorcha desde el Olimpo hasta el globo. Recuerdo a Germán Dehesa portándola en el 2004. París es una fiesta, dice Tony en su discurso. “Sabíamos que eran brillantes, pero fueron mágicos”. Cita los récords. Mayor número de propuestas de matrimonio. “Lo más difícil de todo amor, es decir adiós”. Sí. Thomas Bach. “Los juegos olímpicos no crean la paz, pero pueden crear una cultura de paz”. Paradójico cuando hablamos de tanta competencia que sin embargo, sucede deportivamente.
Bajar la bandera, empezar a recoger todo lo de la fiesta. Lágrimas. Claro que cambian las prioridades a través de la vida. En la infancia disponía sin problema de más de tres horas para ver la ceremonia completa y las repeticiones; ahora, puse una lavadora, preparé el almuerzo, escribí este artículo, tejí y revisé varios pendientes. Tres alcaldesas consecutivas pasan entre ellas la bandera olímpica. Wow!
No sé quién canta el himno de USA, le hace muchos arreglos. Nadie se espantará. ¡Tom Cruise! Mision imposible, Top Gun. Baja al centro del estadio y por la magia de la televisión llega a una transmisión desde Los Ángeles. Red Hot Chile Peppers o como se escriba es el grupo que ameniza. La camiseta de red que hace más de 30 años ya usaba Madonna y seguro antes que ella alguien más. Otra vez no sé quién canta, sólo sé que su vestimenta se puede usar perfecto para definir la palabra ecléctica. Ahora un rapero. Lo que me impresiona es que la ceremonia sea en directo, que todo esté sucediendo ahora y también me parece que hay muy poca gente para un evento de esta magnitud. Quizá fue cupo limitado.
Ya me perdieron. Ya me aburrí. A estas canciones no les encuentro sentido. ¡Ah! Que no era rap, era hip hop. Entendido y anotado.
Llega la flama al estadio. En el centro está un representante de cada continente. Entre todos la apagan. My way, en una genial interpretación nos rescata del episodio anterior. Y sí, creo que todos los atletas pueden decirse en este momento que lo hicieron a su manera.
Los olímpicos tienen una oportunidad y ya. Va el artículo. Va. El momento es una vez, los recuerdos son para siempre.
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