Llegaron las vacaciones de verano y todos quienes tenemos hijos enfrentamos el delicado momento de decidir a dónde vamos a llevar a nuestros pequeños para que no estén encerrados todo el día.
En la mayoría de los casos la lucha termina antes de iniciar. Obligaciones laborales, cansancio, falta de dinero, flojera, entre otros obstáculos, orillan a tomar la decisión de que la tablet, el celular heredado de la abuelita o la computadora serán, por las próximas semanas, la compañía y niñera de nuestras bendis.
Pero hay otros que deciden luchar, los que no aceptan que sus chamacos se conviertan en couch potatoes, en zombis de la pantalla, en esclavos de las redes sociales y el Roblox.
Aquí es donde viene la decisión más difícil ¿pa dónde, apá?
La verdad sea dicha, no importa, lo que vale es dar el primer paso afuera de casa y ver a dónde nos llevan nuestros pies.
No olvidemos que, para nuestros hijos, quienes tienen poco más de una década en este mundo, todo es nuevo, hay muchas cosas, incluso en nuestra propia colonia, que seguramente no conocen.
Es verdad, se puede poner la tarjeta a tope y encharcarse con un viaje, quien lo haga saludos y buena suerte.
Pero lo importante, al final, es decidirse a salir de casa, a convivir con nuestros hijos.
Después de todo, para sostener una relación con ellos, tan buena es una banca en la plaza de la esquina que una en Times Square de Nueva York.
Al final, a menos que los hayamos acostumbrado a otra cosa, nuestros hijos quieren nuestro tiempo. Lo demás es escenario y anécdota.
El primer paso fuera de la casa es el más importante y el más difícil, habrá que ver quién es el valiente que se atreve a darlo.
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