Un meteórico ruido de lluvia y sufrimiento o Monterrey, la madre que nos parió

Arnulfo Vigil tiene otros datos

Los poetas contribuyen a la grandeza de la ciudad. Esto lo afirma Arnulfo en el prólogo de este libro y tras el teclado de su mac en la oficina de Oficio Ediciones, o en su huerto de naranjas en Montemorelos o en una cantina camuflada con grafiti que parece que está cerrada pero siempre está abierta en la calle Padre Mier, o en los tacos de Villagrán a donde me invita frecuentemente; Los poetas… continúa diciendo mientras se quita su sombrero vaquero (ese que nunca se quita) y pone su mano sobre mi hombro, entonces yo le pongo mucha atención porque parece que va a decir otra frase contundente para que me quede claro, (para que nos quede claro) y esas son de las cosas que no quiero perderme, entonces Arnulfo hace una pausa, al estilo López Obrador y dice la misma frase: Los poetas contribuyen a la grandeza de la ciudad, y entonces me queda claro, porque ya me lo dijo dos veces en ese momento y porque lo anda diciendo siempre en todo momento y en todo lugar.

Más allá de los límites maguacateros

Monterrey de palabras reúne a veinticuatro voces de autores nacidos a partir de la década de los cincuenta, acentuando la persistencia de Monterrey como tema de los poetas. Entonces a las voces conocidas y reconocidas como la de Samuel Noyola (no puede faltar nunca en una antología de poesía regiomontana el poema Nocturno de la calzada Madero) y las de Margarito Cuéllar, Eduardo Zambrano, José Eugenio Sánchez, Leticia Herrera y Armando Alanís Pulido; el antólogo complementa y balancea la selección con nombres de autores periféricos si tomamos como referencia a estas primeras seis voces, entonces aparece Xorge González  Armando Joel Dávila, Graciela Salazar Reyna, María Belmonte, Romualdo Gallegos, Myrna Alicia Cisneros Fernández y José Jaime Ruiz, luego una camada de autores que se dieron a conocer desde los primeros esfuerzos de Vigil por animar la poesía y lo poético en esta ciudad, ahí entra Arturo Ortega, Irineo Morales Monsiváis, Alexandra Botto, Diego de Jesús Flores, Sergio Quiñones, Elizabeth Hernández Quijano y Yuri Vladimir Delgado Santos autores que bajo el ojo clínico de Arnulfo siempre han sido considerados en sus selecciones y por último las refrescantes voces jóvenes de Magril Servando Ramírez, Paulino Ordoñez, Adriana Esthela Flores y Ricardo Ovalle García.

Si bien es cierto que ésta podría ser una antología temática, la sapiencia poética de Vigil no permite que el libro se reduzca solo a eso. Arnulfo, desdeñado e ignorado (injustamente) en muchas antologías de poesía de NL, ejerce contrariamente la generosidad y su apertura permite ampliar nuestra visión en la futura hechura del canon.

Arnulfo Vigil.

No nos falta barrio

Los poetas hablan de las calles de Monterrey de sus avenidas de bares y cantinas, de las colonias populares, de los sitios donde se gesta la vida diaria y las mejores conversaciones:

Ciudad de polvo, asfalto

 y rostro transfigurado

Un bullicio de grillos

te ocupa apenas la noche

levanta su párpado de sueño

danzantes nocturnas

que rondan la gran plaza

buscan el aire fresco

de una ciudad que se sofoca a si misma

Arturo Ortega, Elegía para una ciudad de polvo, fragmento  pág. 22

Meditación de encinos atrayendo la lluvia

Siempre he creído que el valor de la obra de un poeta debe de estar respaldado por un gran esfuerzo crítico (incluyendo una serie de actividades que harán que el libro o el poema o el autor, por decirlo de alguna manera, exista). En apariencia las antologías, las selecciones, las reuniones de obra poética incluso las temáticas como en este caso se entienden como una muestra del momento histórico en que fueron hechas. Ése es el gran reto en el trabajo del antólogo, que su apuesta que contiene apuestas (en el caso de autores noveles), supere al tiempo y no caduque, que se vuelva referencia para estudio o para conformar o inventar un canon, el lector es otra cosa y no lo minimizo, la reflexión viene muy a contexto con la aventura que Vigil se propuso en Monterrey de palabras: La precisión desde la geografía, le escribes al mundo desde tu comunidad e insertas a tu mundo -o lo amplias o lo creas- desde tu propuesta.

Mi ciudad arde desde los callejones de San Bernabé

hasta el suelo tibio de Santiago

Las metralletas iluminan las calles desde antes

Las mujeres saludaban desde sus mecedoras

al atardecer con aroma de pan recién hecho

y de piel empapada con sudor de la fundidora

Ahora todo huele a esquirlas a sangre y llanto

Mi ciudad arde en la mirada de todos sus muertos

Adriana Esthela Flores / ciudad herida 1, pág.49

                                           

Feliz de tener una brasa diáfana en el pecho

Al menos 20 de los autores han aparecido en otra antología de la poesía que se escribe desde Nuevo León y merecen ser objeto de la gratitud del género humano (léase que alguien te lea) este trabajo, discreto pero efectivo, ejerce un notable efecto en los ánimos de quienes tienen una brasa en el pecho e iluminan cualquier lugar donde se encuentran y si se encuentran en Monterrey, mejor. Por último, aclaro una cosa, que estoy hablando en este último comentario de los lectores de poesía.

Monterrey de palabras (antología)

Selección y prólogo de Arnulfo Vigil

Oficio

2012