EL SINSENTIDO DE LO QUE TIENE SENTIDO O EN ESTA ORILLA DEL JARDÍN SOMOS POSIBLES

Una pila de libros de poesía Nuevoleonesa en la mesa de noche no es suficiente

Alguien dijo alguna vez que el valor de una antología (o una selección o una muestra de poesía), aumenta por la capacidad que ésta tenga de polemizar, podremos estar o no de acuerdo en eso y mientras nos ponemos de acuerdo polemicemos:

1. García Gil advierte ¿o se disculpa? de que sus lecturas comentadas, de que los autores que él atiende no son un prototipo de la producción de poesía Nuevoleonesa, pero señala que pueden ser un indicativo.

2. Como buen maestro de letras sugiere ¿o indica? que sus comentarios abiertos pueden ser modificados o enriquecidos o incluso anulados cuando éstos resulten anticuados desafortunados o erróneos.

3. Desde las primeras páginas se pronostica ¿o se autocensura? el carácter de su obra señalando una de sus manías (a mi parecer, una de las más hermosas manías que tienen los buenos escritores, los buenos analíticos, los buenos maestros): el uso de notas al pie de página (la cual refiere en la nota al pie de página número 5) García Gil presenta hasta antes de la bibliografía 52 notas, algunas muy largas que abarcan una hoja completa y dos la numero 50 y la 51 que abarcan en extensión una hoja y media cada una, en un cálculo -casi exacto-  encuentro que dichas notas abarcan 19 páginas del total de las 203 del contenido del libro, lo cual es el 10% del volumen de la obra. Dicha observación me permitió hacer una lectura doble, pude leer un libro conformado solo por notas y otro solo por el ensayo del autor. Aquí quiero aclarar dos cosas, la primera: dicho acto es un experimento de lectura personal, una indagación lúdica, aclarando que ambos escritos -el ensayo en sí y las notas al pie de página- se complementan y son un todo y la segunda: aclaro que este comentario puede considerarse una nota al pie de página.

4. Atendiendo el punto número 2 de nuestra polémica, observo lo siguiente: en la nota al pie de página número 3, el autor refiere a una serie de estudiosos sobre la literatura nuevoleonesa en sus diversos géneros, en poesía menciona a Miguel Covarrubias, Alfonso Rangel Guerra, Eligio Coronado, Margarito Cuéllar y Sergio Cordero, continuando con la tradición ¿poética acaso? de omitir a Arnulfo Vigil como se le ha hecho como autor: para esto pongo unos ejemplos: no lo considera Eligio Coronado en su antología de la poesía Nuevoleonesa, ni Margarito Cuéllar en su Alforja de poesía, ni Minerva Margarita Villarreal en su brújula solar, ni Humberto Salazar en zoológico poético, ni José Javier Villarreal en la ciudad y sus poetas. Humberto Salazar y Margarito Cuéllar (ahora en conjunto) publican 20 años de poesía en Monterrey 1962-1982, y lo siguen omitiendo y donde por cierto ambos compiladores sí se incluyeron; eso como autor, como investigador de la poesía proporciono los siguientes datos: es director de una editorial y una revista desde hace más de 30 años, Oficio Ediciones, donde nunca han dejado de aparecer poetas de Nuevo León con sus poemas, así como ensayos reseñas y compilaciones de la poesía que se fabrica en el estado, también ha compilado algunas antologías de poesía nuevoleonesa (donde por cierto incluye a todos los autores que a él no lo han considerado) Arnulfo es un santo, un mártir, un poeta ninguneado, un poeta negado, un literato invisible que ha visibilizado a la literatura de Nuevo León desde hace más de 40 años.

Arnulfo Vigil, poeta y director de Oficio Ediciones

5. Aunque cita a muchos autores, García Gil solo centra sus lecturas en 16 poetas, 13 hombres y 3 mujeres y usa 110 fragmentos de poemas de los libros de los autores que refiere, la muestra es disímbola: aparece José Javier Villarreal (del que solo habla de un poema ), Margarito Cuéllar (del que aborda dos libros), Eduardo Zambrano (habla de un libro), José Eugenio Sánchez,(habla de uno de sus libros pero cuestiona en la nota al pie de página 35 si ese libro pertenece a la literatura nuevoleonesa), Fernando J Elizondo (también habla solo de un poema, un autor conocido más como narrador y sin ningún libro de poemas publicado), Guillermo Meléndez, Miguel Covarrubias, (habla de un libro de cada uno y de Meléndez de un poema más en otro capítulo), Armando Alanís (del que no habla de ninguno de sus más de 30 libros publicados, sino de un proyecto de poesía que encabeza), Jorge Saucedo (del que también solo atiende un poema), Oscar David López, y Carlos Lejaim (de ambos también se atiende un libro), Gerardo Ortega(del que atiende también solo un poema) y Samuel Noyola (del que toma y aborda once poemas).

En cuanto a mujeres, de Leticia Herrera (aborda tres poemas), las otras dos Gloria Collado y Margarita Ríos Farjat (algunos desconocen que la actual ministra de la Suprema Corte de Justicia escribe poesía desde siempre y tiene un par de libros publicados) de ambas habla de su poesía en general y aquí la observación no se refiere a la paridad de género, sino más bien a las omisiones más obvias: No atiende ni a Jeannete L. Clariond ni a Minerva Margarita Villarreal, a mi parecer las autoras más consolidadas e importantes del estado.

6. En la nota al pie de página número 4, el autor comenta un deseo ¿o reconoce su error? al mencionar una lista de autores que desearía estuvieran comentados y menciona a 18, esta vez a 11 hombres y 7 mujeres y continúa omitiendo a Jeannette y a Minerva Margarita. Estas listas ya comunes en antologías y compilaciones a mi parecer innecesarias, han provocado enojos y polémicas de los autores incluidos/no incluidos, recordemos la del Manantial latente antología de la joven poesía mexicana hecha por Ernesto Lumbreras y Hernán Bravo Varela que disparó una polémica, seguida de una guerra de declaraciones y acusaciones que para fines prácticos reordenaron a la poesía contemporánea mexicana.

7. Atendiendo a la Bibliografía, se mencionan 75 libros, de los cuales si acaso 3 contienen estudios sobre la poesía del estado (antologías, compilaciones de algún ciclo de lecturas, etc.) y extrañamente no incluye libros que menciona a detalle en las notas al pie de página.

El impacto bienhechor de la poesía o mi corazón se transparenta

Más allá de los señalamientos y las observaciones (que aclaro hago de manera muy respetuosa), ¡y vaya! por supuesto que me tomé muy a pecho la petición del maestro Agustín García Gil Castillo de enriquecer los comentarios vertidos en este libro, por otra parte hay que mencionar que la minuciosidad en las observaciones (analizar solo un poema de un libro o un conjunto de ellos en el espectro total de la obra de un autor me parece fascinante).

Borges decía que los poetas tenían la oportunidad -por encima de escritores de otros géneros- de poder trascender solo con unas líneas, solo con un verso.

Ese ojo clínico Borgiano sin duda lo posee García Gil y es necesario insertar puntualmente su nombre a los estudiosos y críticos de la poesía de Nuevo León. Él mismo lo refiere en la página 107 cuyo título es versos aislados, con unos ejemplos muy puntuales.

García Gil se aventura sobre un abismo, con los años no sé exactamente si el poeta tiene un don o se esfuerza mucho en su trabajo. En lo que sí estoy claro es que no hay que cesar de interrogarnos y los abordajes del autor, los lados desde donde ve a sus/ mis autores, a nuestros autores, me indican que hay quienes intentan cerrar el círculo escritor- editor-libro- lector-crítico-investigador-promotor, que escasamente sucede por estos rumbos.

La flor en que se posan los insectos es una selección personal con un tono académico muy accesible (volvemos a las hermosas y necesarias notas al pie de página), el autor da en el blanco porque mira y atiende a nuestro modo social de existir: la conservación de ideas y supuestos, premisa necesaria para toda comunicación.

La flor en que se posan los insectos

Comentarios sobre poesía nuevoleonesa

Agustín García Gil Castillo

UANL, 2022.