En pocas palabras:

5: Time goes by so slowly

4: There’s only one Queen

3: Quintaesencia del pop

2: Im presionante

1: Litúrgica

3028 días esperé este concierto, cancelación de por medio. Cinco horas antes comencé a llorar en CDMX. Telmisartán ON a duo con el boleto digital. Iba a un viaje, a un reencuentro. a un paseo por los 80’s. Una peregrinación hacia mí. Un ritual. Estaba consciente del significado, caminaba sobre orquídeas.

Pensaba irme en Metro como antes; descarté la idea. Ya no tengo edad para subir y bajar tantas escaleras como ella lo hizo tantas veces en NY. Un matrimonio en la recepción del hotel cotizaba un taxi, me apunté para compartirlo; aceptaron generosos. Ulises y Norma, veracruzanos. Le pedí al taxista que nos pusiera a Madonna. El veneno es el antídoto. Sonó Everybody. Un parpadeo y aterricé en 1985 con mi blusa de red. Mamá regañándome: “Escúchame bien, no te vas a poner eso, Lorena Sanmillán”. Cuando los padres dicen tu nombre completo, sabes que el regaño va en serio.

No, esta vez no lucí el traje de torero del Rebel heart, ni la corona del Super Bowl, o el corset de Vogue. Escogí la mejor de mis mascadas, blusa y pantalón de vestir. Iba a una fiesta. En el camino pensé en lo inútil del atuendo, ¿por qué nos vestimos así? ¿Por qué la gran gala en la ópera? Imitar para pertenecer.

Llegamos al Palacio de los Deportes. Lágrimas, temblores y acelere. El morral que encargó Jorge cuesta de $300 a $400. ¿Es éste? Le mando un mensaje y espero respuesta. La primera vez que ella vino a México con el Girlie show era imposibilisisísimo ir a verla. Paco me trajo una camiseta. Conservo también la de Like a virgin en 1985. ¿Cómo negar el favor?

Ay, Madonna, divina

Antes de entrar, un hombre mayor canta Amor divino, de Leo Dan, parafraseándola con Ay, Madonna, divina, pronto tienes que volve-e-e-er a mí. Me conmueve muchísimo su intento junto al tesón de otra fan que pretende que formemos la bandera de México con papelitos de china de colores según la sección en que nos tocó sentarnos.

Trémula de emoción, paso el filtro de ingreso. Hay una cabina de fotos con un display espectacular del logo del concierto. Me formo con mi novela Obsesión de cañamazo en las manos; en varios capítulos hablo de ella. Casi es luna llena y me sublima saber que tiene un reflector celestial.

Llego a mi asiento. Le aviso a los que están a mi lado que voy a  bailar, llorar, cantar, brincar, gritar y moverme y no quiero que me griten el insufrible “Ya siéntese, señora”. Fotos con mi libro.

It’s showtime! Lo anuncia Bob The drag. Son las 22:37 de un concierto pactado a las 21:00, una falta de respeto que le permitimos. En las pantallas el recuento fotográfico de su historia al compás de Crazy for you.

Desde donde estoy, puedo ver cómo sale al escenario, le acomodan la corona, le dan el micrófono, uno de ellos levanta el dedo pulgar y el círculo de luz se enciende y desciende. Sube al círculo exterior del escenario para comenzar a girar, escuchamos la esperada primera frase When I was very young… nothing really matters to me… y nos invita a reflexionar acerca de lo que vivimos en 1983 cuando debutó; canción compuesta para Lola e incluida en Ray of light -de sus mejores discos-.

Mis lágrimas tienen ganas de bailar junto a su corifeo y lo hacen en mis mejillas para después tomar un bungee emocional y caer hasta el piso, tocar tierra. ¡Caigo en oración! Dios te salve Madonna, llena eres de gracia, el photoshop es contigo, bendita seas entre todas las cantantes y bendito el fruto de tu vientre, el pop. Love is all we need. Cantamos, coreamos, gritamos. Ella es el centro del escenario, el origen del círculo. Lucky star, Material girl, Express yourself, Bitch I’m Madonna. Gira, como siempre ha girado.

Las pantallas, su carrera. Everybody nos traslada al 7 de septiembre de 1983: su debut. El infaltable pasito Madonna. El lenguaje de la danza. Horas de ensayo de sus bailarines para armar las figuras y coreografías que cuentan su historia. Get into the groove. Sí, te seguimos el paso. ¿Qué sentiría al debutar? ¿Qué siente ahora al cantarla 40 años después? The Celebration Tour es una fiesta para su carrera.

The Celebration Tour

Baila, camina, corre sobre el escenario hasta situarse en el otro extremo. Saluda. Tiene ganas de charlar. “Les voy a leer mi diario. Llegué a NY con 35 dólares y un sueño. ¿Si no tienes un sueño para qué vives? Les voy a cantar la primera canción que compuse”.. Burning up. ¡Yo quiero ser tu guitarra! Open your heart, el cine icónico y la silla del Blond Ambition. Recrea aquella vez que no la dejaron entrar a una discoteca para distraernos en lo que empieza Holiday.

Se le escucha agitada, se agradece que no haga playback. Silencio. Oscuridad. Live to tell. Se proyectan imágenes de diversas personalidades que han muerto por el SIDA, entre ellos varios de sus bailarines. Le tocó justo esa época, cuando esa tragedia nos azotó y fue el flagelo de nuestra adolescencia y juventud. Sube a su caja por primera vez. ¡Vuela! 10 o 15 metros por encima de nosotros. Ahora está en un cuadrado. Mujer vitruviana que habita la geometría.

Mientras el círculo rueda sobre sí mismo, Act of contrition acaricia los sentidos.  Sus bailarines se contorsionan y hacen hablar su cuerpo en las cajas de luz que lo forman. Es Like a prayer: el momento específico que yo esperaba. Aunque es muy temprano para que cante ese éxito; ella sabe que tiene de sobra. 12 cuadros. 12 apóstoles. 12 meses. Telmisartán ON. Life is a mystery… Ella, la sacerdotisa, habla de su evangelio a todos los madónnicos. Estamos en la liturgia. Santa Madonna madre del pop ruega señora por nosotros tus seguidores ahora y en la hora del concierto. No nos dejes caer en la tentación y libéranos del playback. Combina su música con lo sagrado. You here with me it’s like a dream. Su voz descansa entre luces y escenografía. Hologramas, IA. A la vanguardia. El micrófono Madonna. Sus tres escenarios: el que usa, el que están montando y el que viaja al siguiente concierto. Desafiante. Cuestionadora. Juega con su nombre y provoca. Los arreglistas. El drama de la Pepsi. Irreverente. Apóstata. Gospel. 1989. La magia del cuerpo, la sensualidad. Living for love y su arreglo marcial, su caída en los BRITS Awards y levantarse para seguir. La escala musical marcando el paso. Una delicada analogía del cuerpo, sus bailarines en color piel, expuestos al límite.

Dita en las pantallas y 16500 gargantas gritan. Erótica. Sex. La analogía del box. La paradoja de los golpes y el amor. Ring de box hecho con rayos de luz. Only the one who hurts you can make you feel better…

La cama de Like a virgin y Papa don’t preach. Acción y consecuencia. Excomulgada por el Papa. Los cuerpos desnudan las emociones; la piel no tiene bolsillos. El aborto. El sexo. Los juegos. Justify my love… ¿Quién no ha querido hacer el amor en un tren? Tribal. Fever. Tonishka o algo así. No necesitaba hacer eso. El coqueteo con lo moderno se confunde con Gimme, gimme. Time goes by, so slowly. Hung up. Su grabadora y los calentones. Bailar entre mujeres, en espera para ser. El reloj que nunca deja de girar. ¿Qué pensará del tiempo? Un velo y un piano. Nos regala Badgirl recostada en el Steinway. Un prodigio de la vida.

Vogue. El estreno en MTV. Todas las Madonna a la pasarela. Atemporal. El Súper Bowl. Los recorridos por las discotecas para aprender el bogging. ¿Qué le significará reencontrarse con todas las que ha sido y fue? ¿Qué tan interesante es el proceso de contemplación? La única viva de todos los nombres que menciona. La pasarela. El juego de los jueces que no termino de entender. junto a la invitación a su intimidad: verla maternar, como la vez que llevó a todos sus hijos a ver el debut de David. Madonna enamorada de Stella que baila y es DJ en el show. En su mirada rezuma satisfacción. Express yourself combinada con Human nature, porque todos tenemos un poco de eso al desfilar en la pasarela de nuestra existencia.

Crazy for you. Luces apagadas. Se da permiso de ser cursi. “¡Apaguen el celular y disfruten el concierto! ¡Hoy estoy frente a ustedes!” La caja. El arnés. Volver al origen. ¡Fuego! La temperatura sube, ya no sé si es mi menopausia o Madonna o el fuego real. Levanta una mano y aparece el fuego -literal-, tal y como ha sido incendiaria con declaraciones, shows o actitudes. El ambiente sube de tono. El cántico de Erótica nos arrulla. Círculos de fuego, pirotecnia, una procesión de monjes madónnicos. Justify my love. Sus invitaciones al erotismo. El ir y venir de sus bailarines: sangre que fluye en los ventrículos de su concierto. El fuego baila al ritmo de la música, remarcando el tiempo y los acordes.

Die another day. No importan tus pecados, siempre habrá otro día para morir. Rayos láser. Se extiende en las pasarelas, cardumen de sensaciones, como la humedad, como el conocimiento, vértice de imágenes. Ocupa todo el espacio, para eso lo diseñó así. Llegó para llenar un vacío. Oscuridad. Rayos láser que siguen su voz en off mientras lee el Apocalipsis. El eneagrama en el centro del escenario. ¿Qué nos quiere decir?

Los caballos llegan a escena. Imponentes. Su otra pasión. Su caída y el leitmotiv de Music. Don’t tell me. Nos hace bailar country a su manera ajena a los desfiguros que hacemos en Payaso de rodeo. Nos tiene en sus manos y mueve el berbiquí de la intensidad para llevarnos a los ojos de su madre en la fotografía que se despliega. Toma su guitarra y le canta Mother and father. Habla. Tiene ganas de charlar. Traduzco sin rigor lo que alcancé a entender:  “This is my emotional moment… Fui muy afortunada porque tuve madre por cinco años y después tuve que aprender a ser mi propia madre. Tuve que cuidarme, tuve que consolarme, tuve que amarme”. Llora. Pienso lo que pudo haber sido, pienso en las cosas que ella pudo haber hecho. Ha sido una de las cosas más difíciles de mi vida”.  La recuerdo cantando Little girl recostada en la lápida de su madre en una escena de Truth or dare. ¿Qué sentirá al cantarle? A veces, de tanto repetirlas, las canciones dejan de ser catárticas, o tal vez dejan de ser catárticas en el momento en que sana la herida. Acostumbrada a cantar ante estadios llenos quizá busca el aplauso de su madre. I got to give it up… Tuvo que soltarla. Quizá por ese dolor fue que decidió adoptar a sus hijos.

Habla de su enfermedad, cuando al pop casi se le detuvo el corazón mientras escuchábamos las noticias acerca de su gravedad. Agradece a las enfermeras y doctores que la cuidaron cuando ni siquiera podía levantarse de la cama y sobre todo, agradece el amor de sus hijos. “Alguien me hablaba… -se autoreferencia imitando el opening del Confessions– …come with me, come with me… (…) Desperté y todos mis hijos estaban rodeando mi cama. Todavía no era mi tiempo”. Viene a mi mente esa frase de una de sus biografías “La vida es muy corta y tengo demasiadas cosas qué hacer, así que tengo que darme prisa”. “Es un milagro que esté frente a ustedes. Pensé que no iba a lograrlo”.

El rostro más retratado

El rasgueo de una guitarra y su festividad inconfundible nos saca de ese momento para ir con ella a La isla bonita. En el año en que estaba de moda, una agencia de coches se anunciaba como La agencia bonita con la melodía de esta canción. Ahora el escenario es rojo. Entre todos los disfraces que  he visto no me ha tocado que algún fan se vista como en este video, cuando ese vestido es de lo más sencillo.

En las pantallas, los escándalos, recortes de periódicos donde ha obtenido los titulares por sus numerosos bochinches, provocaciones. ¡Cuántas fotografías! Alguna vez leí que es el rostro más retratado del mundo, seguida del Papa y la fallecida Reina Isabel. ¿Qué hacía yo esos años? ¿Qué hacían todos sus fans? ¿En qué pensamos cuando nos hace recordar de esta manera cuando vemos su vida y reflexionamos acerca de qué hemos hecho con la nuestra?

I don’t search, I find, le creo a medias el título de esta canción. Dudo mucho que no busque, aunque por otro lado la puedo ver como su grito de guerra; no busca: encuentra, porque siempre está inventando, le sale natural. Es alguien a la que nada la detiene y el fracaso menos todavía, pues lo convierte en aprendizaje. Sale con la bandera gay. Lo más retador que ha hecho es continuar. Sin miedo o con miedo.

Bedtime stories entra por mis uñas y suspiro. Compré ese casete en Gigante en 1994 después de ahorrar varias semanas. La canta acostada, a gusto, como si estuviera en su cama el día que la compuso y yo anhelo que me haga un lugarcito para verla creer y crear.

El escenario donde está recostada se vuelve tridimensional y en cada una de sus caras tiene paisajes que bien pudo haber pintado Salvador Dalí y se mezclan perfecto con la letra de la canción. Vuelve a subirse a la caja.  Tiemblo cada vez que lo hace. ¡Madonna Louise Veronica Ciccone: bájate de ahí inmediatamente! -le grito- ¡Te vas a caer, criatura!, insisto. Extiendo mis brazos como si pudiese atraparla por si pasase algo. Ha sido criticada por usar arnés en este acto. Nadie va a subirse a esa altura y bailar como ella lo hace sin amarrarse. Ya tiene su carrera, no necesita arriesgarse así, sin embargo aquí está de nuevo para hacer las cosas diferentes. Yo no me subiría ni un metro a una tabla y mucho menos bailaría.

Ella sabe tejer la historia, la vida. Ha engarzado sus canciones a través de imágenes, se ha concedido las analepsis necesarias sin preocuparse por la exégesis. Pasión más talento es magia. ¿Qué sigue? Estoy expectante. Cada canción ha sido una sorpresa. Cada nueva melodía es una vuelta de tuerca para el corazón. Cada giro es voltear el caleidoscopio para ver otra parte de ella. Hemos sido invitados a su museo itinerante particular, hemos recorrido su diario y notas al pie de página. ¿Qué sigue? Ray of light y voy hacia esa noche de 1994 cuando Javier Alatorre iba a poner ese video en el noticiero y mamá fue a mi cuarto a avisarme “Va a salir tu ésa cosa en Hechos”. Preciosa, como hace 26 años, ¡Te caes, criatura! Ese CD me lo regaló el Arq. Polendo de tanto que la cantaba.

Estoy fascinada. El traje, de fragmentos iridiscentes, se ve espectacular. ¿Quién le diseñó el vestuario? No lo sé. Silencio y las campanas Parker me llevan a otra sorpresa que no me cabe en el cuerpo: Rain. Ella es una lluvia de talento. Here comes the sun… Nací bajo un diluvio y tengo especial predilección por los días lluviosos. Amo esa canción. Wash away my sorrow… Intercambio teléfonos con el chico a un lado mío que también viene solo y es la mar de simpático. Se llama Horacio y está profundamente conmovido.

Prestidigitadora de emociones, nos da vuelo en la parábola que diseñan sus partituras en su espectro pendular. Escuchamos los tacones de una chica vestida de novia que preludian Like a virgin donde un juego de sombras permite que abrace a Michael Jackson en Billie Jean. No, aún no. Ya bailarán eternamente en algún momento. ¿Quién nos quedará? De nuevo la reflexión acerca de lo finito. Ella ha hecho de todo con su vida, ¿qué hemos hecho nosotros con la nuestra?

Tiempo de lo moderno. Give me all your loving y Bitch, I’m Madonna. Los bailarines en todo el escenario. El círculo de luz comienza a moverse. Lo sabemos, Machado lo había anunciado: Todo pasa y todo queda… En las tablas gimnásticas de la primaria me parecía fascinante cuando hacíamos círculos que iban en sentido contrario; así sus bailarines. Unos para un lado y otros para el otro. Las Madonnas vuelven a las pasarelas.

Ella es la quintaesencia del pop. Toma su lugar en el centro, cantamos junto a ella Celebration con tal emoción aunque sabemos que es la despedida. La elevan al lugar más alto. Come join the party… El escenario, a mis ojos hambrientos le parece un pastel y ella es la vela  para pedir deseos, para el conjuro de tiempos mejores, para celebrar la vida y la eternidad, para señalar el paso del tiempo. Dos horas y media de concierto, como ella, de pie, sin parar. 78 conciertos desde octubre del año pasado y ahora a terminar la gira con una función gratuita en la playa de Río de Janeiro el próximo 4 de mayo y en la que se esperan millones de espectadores. It’s a celebration!

Es la 1:07 cuando se apagan las luces. Sabemos perfectamente que es inútil gritar ¡Otra, otra, otra! No porque no quiera complacernos, sino porque ella hace el show de tal manera que lo sabe completo. A quien da su máximo no se le puede pedir más. Hecho de menos la frase final que acostumbra poner en las pantallas.

Se encienden las luces y en un giro inusual que sumo al festejo de mis 50 años se escucha en el sonido del domo de cobre la versión instrumental de The power of good bye. No encuentro mejor cereza para este pastel. Me parece el delicioso aguinaldo que te dan al salir de una piñata. Mis lágrimas lavan los escalones del recinto. El maratón de los impalas de mi sangre está disparado. Madonna.  Apoteótica. Divina. Desafiante. Cuestionadora. Creativa. Inventiva. Soberbia. Litúrgica.