Hace poco buscaba en Youtube una canción y encontré la presentación de Lucero, jovencita, cantando Cuéntame en el programa Siempre en Domingo, que transmitía Televisa.
No pude evitar transportarme cuatro décadas en el tiempo para recordar el show de fin de semana, hasta cuatro horas, donde la cantante mexicana era una de las reinas. Me llegaron también evocaciones que alguna vez vi en la misma emisión de cantantes como Yuri, José José, Emmanuel, Mecano, Timbiriche, Luis Miguel, Alondra, Yoshio, Daniela Romo…
Todos ellos, entre muchos otros más, fueron mis acompañantes musicales durante años. Basta recordar que el programa tuvo su primera emisión en 1969, año en el que nací, hasta 1998, cuando se dio por terminado.
Prácticamente a lo largo de toda la primera etapa de mi vida vi, semana tras semana, año tras año, lustro tras lustro, a los intérpretes de moda, con la conducción de Raúl Velasco, el engreído animador que los presentaba.
Aunque mi recuerdo, al ver a Lucero, fue musical y debía ser festivo, me resultó doloroso.
Carrusel de estrellas
A la distancia, veo que Siempre en Domingo fue uno de los inventos más perversos creados por la televisión mexicana que, a causa de esa emisión, se convirtió en una verdadera caja idiotizante de millones que seguíamos fielmente la emisión semanal.
La fórmula para asegurar el éxito del programa era infalible: Televisa era una fábrica de estrellas, mayormente huecas. La televisora comercializaba los productos de los cantantes que presentaba, muchos de los cuales tenían etiqueta de “artistas exclusivos”.
Sus discos y cassettes se promocionaban en el programa, y los “artistas”, colocados en el gusto de los mexicanos, hacían presentaciones personales en lo que se llamaba provincia.

Lucía Méndez grababa nuevo material. Cantaba en Siempre en Domingo los sencillos de su nuevo disco. La entrevistaba Raúl Velasco. Había tomas del público enloquecido. Chicas y chicos en el graderío coreaban el nombre de la estrella. Era un éxito la presentación de la sexy muchacha, que tenía un rostro bellísimo y un cabello envidiable. Y además estaba super hot entre las décadas de los setenta y ochenta, con telenovelas de megarating: Viviana, Colorina, Vanessa, producidas y transmitidas, obviamente, por su majestad Televisa.
De niño visitaba a mi tía, y mi prima ya había comprado el LP de Lucía, con la canción Culpable o inocente, que tocaba en la consola de la casa. Me subía al coche de mi tía y ya traía la cinta del nuevo lanzamiento de La Méndez, Corazón de Piedra.
Pasaba los domingos con mi abuela, en reuniones tumultuosas de tías y primos. Mientras las señoras hablaban en el comedor, y preparaban tamales, ¿qué veíamos los niños? ¡Claro! Siempre en Domingo, y teníamos que tragarnos todos los cantantes, incluida la avalancha de comerciales eternos que había entre canciones.
Creo que por ese programa en casa había chocolate Milo, calzábamos zapatos Exorcista, mamá se untaba Segundo Debut, y mi papá tomaba brandy Viejo Vergel.
El programa de revista era muy atractivo, por lo que no podía despegarme de la tele. Recuerdo que me emocionaba cuando se presentaban intérpretes verdaderos, artistas que me gustaban como Roberto Carlos, Camilo Sesto, Lupita D’Alessio, Estela Nuñez, José Feliciano, Juan Gabriel, o grupos como Los Ángeles Negros o Los Terrícolas, que aún hoy disfruto.
Ah, cómo se indignó mi tía la noche que se presentó en SD José Luis Rodríguez, cantando Pavorreal, y haciendo el baile del vientre. La cámara enfocaba a una chica bajo el escenario que murmuraba, entre lágrimas, con el rímel corrido: “Puma, Puma…” Con las manos se sujetaba la cabeza, como si se la fuera arrancar. “¡Vieja ridícula!”, le dijo mi tía a través de la tele.
Hasta mucho tiempo después. entendí que la mayoría de los contenidos eran de intérpretes que basaban su éxito en la imagen. Verónica Castro, chulísima y muy buena actriz, no cantaba nada. Pues hasta ella tuvo su éxito: “A qué te supo chiquitito el descolón, cuando te estabas saboreando como un león…”
Mi prima, que ya trabajaba, compró el acetato. Años después tuvo, de la Vero, también el de Macumba.
Domingo total
Cuando íbamos con la abuela, veíamos el inicio de Siempre en Domingo y nos despedíamos con Siempre en Domingo. Al llegar a casa y mientras preparábamos los uniformes para ir a la escuela al día siguiente, terminábamos la jornada igual, con la cara de jaqueca de Raúl Velasco, y su frase de ¡Aún hay más”.

Ha llegado el momento de las confesiones: después de ver en SD a José José cantando Preso, el lunes compré el sencillo en Soriana. Siempre me ha gustado El Príncipe, y esa no era la rola de mi predilección. Pero ese domingo la cantó con mucho sentimiento y me dije que quería escuchar en casa una y otra vez: “Mientras yo estoy preso, en la cárcel de tus besos…”
No voy a avergonzar a nadie, pero en el barrio, uno de mis amigos compró el sencillo de Corazón de Piedra, de Lucía Méndez, y otro el de Baila Vanidoso de Alondra. Mi vecina de al lado en las mañanas ponía el disco de Crystal, con la canción Suavemente.
Una compañerita de secundaria me secreteó que ella había comprado el sencillo de Lobo, de Dulce. Otro compañero me dijo que en su casa tenían el LP de OTI 82. Subimos de excursión al Cerro de la Silla, y al llegar con la grabadora a la zona de descanso en La Caseta, uno de los amigos sacó la cinta de los 15 Éxitos de Siempre en Domingo de 1983. Era una locura.

El apego a SD se había convertido en una adicción familiar y hasta comunitaria. A la hora del show, uno iba por la calle y en las casas se escuchaba el cantante en turno. Yo me pasaba horas enteras sin parpadear frente a la tele viendo el carrusel de cantantes, buenos y malos, que la televisora me retacaba entre las orejas.
Afortunadamente, al crecer, entendí el juego del programa. Todo había sido un vil timo de años, una manipulación de las preferencias de un público ingenuo que asimilaba gustos en base a repeticiones. Creo que me retiré a tiempo sin daños neuronales.
Lo quiera o no, Siempre en Domingo forma parte del soundtrack de mi vida, en aquel tiempo de ilusiones, en el que creía que Brujería era una gran canción y que Álvaro Dávila era un estupendo cantante.
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