Tuve una charla muy interesante con un amigo conspiranóico, adorador de la teoría del complot. Para él hay un sabotaje permanente en el orden mundial, orquestado por los poderosos que usan al planeta como su juego de mesa.

Durante una velada de cervezas, me pidió urdir una historia inventada sobre el tema de moda: Covid 19. Accedí como un reto. Escribiría un texto, en forma de plot, para desarrollarlo luego como guion de ciencia ficción. Los personajes y las situaciones son inventadas, y él hizo muchas aportaciones. Espero le resulte emocionante este manojo de situaciones extraídas de la fantasía, para armar una película taquillera.

Esto es lo escrito para mi amigo:

Chuck Livingston ha pasado gran parte de su vida viajando por el mundo.

La pandemia del Covid -19, que ensombreció al mundo en el 2020, lo sorprendió mientras hacía trabajo voluntario de vacunación en Togo, un pequeño país del África occidental, en el Golfo de Guinea. Se quedó a combatir el virus desde la trinchera médica, y prevaleció hasta que la Organización Mundial de Salud (OMS) anunció la creación de vacunas, y la mayoría de la población fue inoculada.

Se infectó pero, con aislamiento y medicamentos para la fiebre, pudo sobrevivir. Antes, atravesó por el infierno, y por un par de noches sentía morir sofocado, mientras se levantaba al baño durante la noche.

Cuando salió la vacuna, también se la puso.

Ahora Chuck está seriamente preocupado por eventos inesperados, ignorados por el mundo y por la comunidad científica.

Me dice mi amigo Chuck: “Hombres y mujeres jóvenes de entre veinte y treinta años, saludables en apariencia, han comenzado a fallecer víctimas de paros cardiacos. No es normal, y nadie le da importancia. Hay deportistas que recientemente se han desplomado en las canchas. Hombres de salud al punto perfecta, repentinamente caen y mueren por un corazón que ha dejado de latir”.

Durante cuatro décadas se ha dedicado a analizar sangre en laboratorios y a estudiar anticuerpos. A lo largo de su vida ha visto más imágenes en un microscopio que películas en cine o TV.

Como autoridad en el tema me expone una sospecha aterradora: la gente joven muere ahora por fallas coronarias posiblemente provocadas por la vacuna del Covid.

Remedio de emergencia

Livingston puede estar equivocado, pues no se han hechos estudios para confirmar sus temores, pero tiene un punto a partir del cual debe, por lo menos, emprenderse una investigación científica rigurosa.

“No nos equivoquemos: son muchos más los beneficios traídos por la vacuna que las afectaciones. Millones y millones se han salvado, y una cantidad comparativamente mucho menor ha enfrentado dificultades. Eso es un hecho. Pero hay que hacer indagatorias entre esas minorías. No me gustan las teorías del complot. Hubo gente pregonando una intención siniestra de la creación de virus, para disminuir la población del planeta, principalmente ancianos. Pamplinas. La vacuna fue creada de buena fe”, afirma.

No puede guardarse temores. El mundo se apresuró con la creación de la vacuna contra el coronavirus, y la lanzó a los hospitales sin hacer un estudio preciso previo, como indican los protocolos, considera.

Me expone, desde su experiencia de académico en los centros de estudios de la OMS, que la creación de una vacuna nueva debe tener un período de prueba de cuatro años, por lo menos, a diferencia de estas, de múltiples marcas, lanzadas inmediatamente después de haberse fabricado. Apenas habían pasado meses después del brote gobal.

En el proceso debe contemplarse la inactivación del virus y detectar su parte útil, comenta. Una vacuna es simplemente el virus atenuado con calor, después de ser cultivado en ambientes adecuados. En los laboratorios se pincha el ojo de un pollo dentro del huevo, para hacer que la enfermedad se reproduzca ahí. Todo sea en el nombre de la ciencia.

“Lo más inquietante es que esta vacuna no la sacaron de la parte infectiva del virus, como es lo habitual. Aquí crearon sintéticamente, con tecnología avanzada, en algunos laboratorios, el ADN del patógeno, para crear anticuerpos contra el mismo virus. El problema es que las secuelas se van a estar viendo a partir de ahora”, dice.

El péndulo viene de regreso. Conoce casos dramáticos de amigos o hijos de amigos fulminados por un síncope cardiaco. Una compañera laboratorista, madre de familia, deportista entusiasta, en la cocina de su casa y delante de sus hijos y su esposo, se desplomó sin vida mientras partía lechuga. Tenía 43.

La gente moría a causa de una neumonía fulminante, o algo parecido a eso. Había coágulos en los pulmones. El padecimiento ataca las vías respiratorias altas, como se le llama a la nariz, boca, cuerdas vocales, laringe y faringe, me muestra Livingston.

La enfermedad nueva provocó alarma. El descenso en la saturación de oxigeno era repentino y llevaba al desenlace fatal. Por eso al mundo le urgía encontrar un remedio y las autoridades médicas se apresuraron para contener algo parecido a la peste negra.

Con el paso de los años, Chuck ha experimentado molestias, nada de gravedad. Sospecha del Covid. En estudios recientes que se practicó, encontró uno de sus pulmones más pequeño luego de pasar por la enfermedad.

Ahora, misteriosamente algunas vacunas han salido del mercado. Quizás detectaron ya alguna falla. Las directivas de los centros mundiales especializados han guardado silencio, comentan entre los biólogos y laboratoristas. Un escándalo de un error científico a esa escala, puede provocar la ruina de trasnacionales.

Resume Livingston: “Nos queda una mortandad reciente inexplicable. La gente se muere sin saber por qué. Algunos estudios apuntan a un posible aumento de riesgo mortal después de contraída la enfermedad, no de la aplicación de la vacuna. Lo cierto es: no hay vacuna libre de riesgo. Ninguna”.

Es indispensable mayor monitoreo de las reacciones a la dosis a nivel mundial, me dice. No hay pruebas concluyentes aún.

Pero como sabe que me gusta la ficción, me pasa sus reflexiones: “Puedes hacer un buen thriller en tiempos de Covid”.