Once jóvenes escritores cuyas edades rondaban entre los 21 y los 26 años conforman lo que para fines prácticos sería la primera antología de poesía joven de Monterrey en su historia reciente. El Ayuntamiento de la Ciudad había organizado el primer concurso  poesía joven de Monterrey primavera 1990 (se realizarían otras cinco ediciones) y el ganador en esa ocasión fue Luis Javier Alvarado, se incluyeron en este volumen a otros diez autores, tres de ellos habían recibido mención honorífica: Claudia Villarreal, José Eugenio Sánchez y René Rojas pero se decidió incluir a siete autores más: Carlos Omar Villarreal Moreno, Francisco Treviño, Dora Luz Sánchez, Andrés Montes de Oca , Bertha Mónica Treviño, Jesús Salvador Lozano y Alfredo Herrera, el tiempo depuraría esta muy buena selección que daba cuenta de lo que estaba por venir, al menos tres de esos autores han continuado publicando y son nombres insertados en la tradición poética del estado.

¿Dónde quedo yo?

¿A caso te los has preguntado?

Ni yo mismo me coloco

aunque mantenerme junto a ti

me imagine

Pero ¿y tú?

¿En qué sitio me propones?


(Alfredo Herrera Pescador, fragmento, pág. 68)

Cuidar el criterio o el criterio nos tiene sin cuidado

Una observación: esta selección se seleccionó prácticamente sola, resultado del resultado del concurso, en el contexto histórico he tratado de abordar -con la idea de reunirlos en forma de libro-, toda antología, toda selección y compilación que reúna ciertos “criterios básicos” que garanticen cierta calidad observada por algunos estudiosos de la poesía del estado, por ahí aparecen selecciones hechas en revistas locales y nacionales e internacionales, ediciones de algún ciclo de lecturas, que siendo importantes, merecen ser revisadas en otro contexto o como un agregado  al corpus de las antologías editadas como libro, yo mismo he realizado varias para revistas locales y nacionales.

La ocurrente liberación del espíritu

Quiero pensar que este libro inauguraba cosas trascendentales para el futuro literario de Monterrey, que la generación de los poetas regiomontanos nacidos en los años sesenta del siglo XX, levantaba la voz y la mano, que este libro verde (por su color no por otra cosa) invitaba e incitaba a nuevas voces a buscar espacios de expresión, todo lo que le seguiría después es historia, se habían liberado algunos espíritus, el círculo se estaba cerrando de la mejor manera, los talleres literarios que no fueron pocos en los años ochenta tenían herederos, periódicos con suplementos culturales ofrecían espacios, administraciones municipales destinaban recursos económicos para hacer publicaciones, un par de maestros de la generación anterior avalaban y arropaban a las nuevas voces, se hacían lecturas públicas a las que asistía mucha gente, había comunidad en torno a la poesía, la poesía estaba de moda, eran momentos para citar a Bretón “la poesía tiene todo el tiempo del mundo” o a Gabriel Celaya “la poesía es un arma cargada de futuro” o a Novalis “la poesía es lo real absoluto” el asunto en aquellos años era el optimismo, para los incipientes, para los nuevos, para los jóvenes, luego seguirían las depuraciones, las decisiones, las dificultades, el arrojo sustentado con oficio, las pruebas de resistencia… Han pasado décadas y esta antología de poesía joven a algunos puede parecerles que ha envejecido, pero a mi parecer éste fue el mejor de los comienzos y sigue siendo el mejor de los ejemplos.

Niños fantaseando mariposas aturdidas

Andrés cantaba blues, René hacía fila para las tortillas, Francisco se autoanalizaba, Bertha Mónica  impaciente soñaba con palabras, Dora Luz traducía silencios, estos jóvenes poetas eran niños que fantaseaban con el lenguaje mientras se apropiaban de la ciudad y mientras construían su mundo estable en el mundo inestable en el que vivían, conscientes o inconscientes las nuevas plumas hacían sacrificios en medio del desierto.

Pasó en una tarde sin motivos, donde regalaba

Mi alma, mi corazón en medio del desierto

El sol y una gota de agua recibían mi sacrificio

Jesús Salvador Lozano Higa/ lección primera: alma (fragmento) pág. 71

                      

Como un árbol nuevo que da fruto para todos

¿Qué dice de nosotros la invisibilidad que le hemos dado al arte?

Ésta es una pregunta trascendental, importantísima, de vida o muerte incluso, la respuesta es universal, la más breve revisión histórica, revela y demuestra la importancia de la figura del poeta como símbolo cultural y social porque la poesía no se reduce a una condición de expresión artística si no que lleva la responsabilidad de comunicar saberes, los indicadores de impacto muy analizados en estos tiempos no comulgan con el mercado poético: venta de libros de poesía, cantidad de asistentes a una lectura, porcentaje de ediciones en editoriales trasnacionales y eso únicamente debemos atribuírselo a una cosa (perdón que lo diga): la mayoría de la gente ignora a los poetas porque la mayoría de los poetas ignora a la gente.

Escribo el comentario de este libro muchas décadas después de su aparición, el añejamiento no de los autores sino de la obra de los autores me facilita algunas de estas reflexiones, no traían estos jóvenes una vanguardia incendiaria, ahora veo con mucha alegría y sigo atento el proceso de personalización de los autores que de este libro han sobrevivido y siguen escribiendo ya no desde la ciudad sino en la ciudad interior, entonces veámoslo con cierta melancolía:  La poesía es un acto preciso en el tiempo.

Poesía Joven de Monterrey

Municipio de Monterrey

1990