Pésele a quien le pese, debemos evitar las frases hechas cuando redactemos textos literarios, periodísticos o de chile, de dulce o de manteca. En este esfuerzo debemos dar hasta donde tope.

Estoy hasta la coronilla de que escribamos utilizando clichés y expresiones sobadas hasta el cansancio y sin darnos un respiro. Es momento de poner los puntos sobre las íes.

Eso de estar escribiendo a tontas y a locas nos ha llevado a suponer que conocemos la forma de redactar como la palma de la mano, cuando la realidad es que estamos dando palos de ciego. Reconozcámoslo, compañeros, pues no hay loco que coma lumbre.

Como periodistas y escritores, debemos poner un hasta aquí esa forma que hemos tenido durante muchos años de repetir oraciones que, la verdad, nos hacen parecer chivo en cristalería.

Tenemos que poner un alto a esa manera de expresarnos con repetición de frases, como disco rayado. Un globo no hace una fiesta, ni una golondrina hace verano, debemos expresarlo con certeza. Más vale tarde que nunca y si empezamos, desde este momento, a revertir nuestros hábitos, ya no nos tocará bailar con la más fea.

Y lo digo sin pelos en la lengua, amigos: no debe temblarnos la mano para decir lo que queremos decir, sin importarnos el qué dirán y sin que se quede nada en el tintero.

En este esfuerzo, tenemos que echar toda la carne al asador, pero sin dar patadas de ahogado. Estamos entre la espada y la pared, es cierto, pero escribir con corrección no está en chino.

Nuestro interés tiene un objetivo genuino, porque es cierto que no somos hermanitas de la caridad. Como no la brincamos sin huarache, esperamos que los lectores puedan saborear las mieles de una prosa, que rinda frutos en su conocimiento. No estoy pensando que debemos hacer escritos al vapor.

Uno no debe dormirse en sus laureles, pero al buen entendedor pocas palabras. Debemos ir directo al grano, por lo que tenemos que hacer escritos claros, no a contentillo de quien lee, por supuesto, pero sí redoblando esfuerzos. Avancemos hacia nuestro objetivo sin tregua y sin descanso, haciendo alguna pausa en el camino, pero sin desmayar, recordando que más vale paso que dure y no trote que canse.

Ya veremos que, en menos de lo que canta un gallo, el tiempo pondrá a cada quien en su lugar.

Estamos muy conscientes de que el que perdona pierde, por lo que debemos estar muy atentos, pues todo pasa en un santiamén. Eso es una verdad del tamaño del mundo, colegas, y si queremos cantar victoria, es preciso avanzar palmo a palmo, para no andar a las carreras, y sin echar leña al fuego. Roma no se hizo en un día.

A ponernos las pilas

¿Quién dijo yo? No hay pero que valga, escritores. No cejemos en el empeño. Nuestra lucha es a brazo partido y sin distingos. Es preciso que estemos codo a codo, hombro con hombro, sin dar un paso atrás. No es momento de estar peleados como perros y gatos. A veces somos como el agua y el aceite, pero si nos aplicamos, esto es pan comido.

Alerta, amigos escritores, redactar correctamente no es miel sobre hojuelas. No podemos quedarnos cruzados de brazos, esperando que el diablo meta la cola. Nuestra labor es para aportar un grano de arena a esta forma nueva de redactar que debemos mostrar al momento de sentarnos frente al teclado, con mano firme y segura. Seré todo oídos para que mantengamos la frente en alto, cada quién desde su trinchera, pensando que saldremos con banderas desplegadas, aunque nos cueste un ojo de la cara.

Tenemos que ponernos las pilas, sin meter la pata, porque esto pasa en un abrir y cerrar de ojos. Es cierto, compañeros, a ojo de buen cubero puedo decirles que en un parpadeo podemos volver a escribir de forma correcta, sin ahogarnos en un vaso de agua. Porque hay textos que no le recomendaría ni a mi peor enemigo.

No quiero que mis palabras se las lleve el viento, ni que esto sea flor de un día. Lo sé, con anterioridad otros escritores han hecho propuestas que son solo llamarada de petate, pero creo que esta vez no hemos perdido la brújula. Sí se puede: el que es buen gallo donde quiera canta.

Si estamos todos unidos, ya no pasaremos otro trago amargo. Las escaleras se barren de arriba hacia abajo, es un hecho. Pero es necesario que nos lancemos al ruedo, pensando que no somos aves de paso. No estoy pidiendo peras al olmo, ni confundiendo gimnasia con magnesia. Tenemos que luchar en buena lid, sin pensar que esto será coser y cantar. Nada de eso.

La redacción de frases hechas siempre ha sido el talón de Aquiles de los escribidores, pero si vamos director al grano, sin echar las campanas al vuelo, otro gallo nos cantará.

Ojalá estas palabras no caigan en saco roto.