Los jóvenes y niños padecen más de ansiedad y depresión que generaciones anteriores por el uso de redes sociales, de acuerdo con el autor Jonathan Haidt.
¿Por qué las enfermedades mentales de la generación Z han aumentado en muchos países? Ésta es la pregunta que aborda el libro “La generación ansiosa”, de Jonathan Haidt.
En su obra, el psicólogo social no solo se conforma con responder. También ofrece una guía para que los madres y padres, educadores y toda aquella persona que esté a cargo de menores de edad, pueda limitar el daño causado por los smartphones y, en especial, por las redes sociales.
La cantidad de adolescentes estadounidenses que vivió al menos un episodio depresivo aumentó 150 por ciento entre el 2004 y 2020. ¿La causa? La llegada de los smartphones y el crecimiento en su uso para navegar en redes sociales.
Para el 2015, la cuarta parte de los adolescentes estaba online casi todo el tiempo, revela “La generación ansiosa” con datos de Pew Research. Mientras que las chicas se volcaron sobre las redes sociales, los chicos comenzaron a utilizar principalmente videojuegos y plataformas como Reddit.
“Con tantas actividades virtuales nuevas y excitantes, muchos adolescentes perdieron la capacidad de estar plenamente presentes con las personas a su alrededor, lo que cambió la vida social para todos”, escribe Haidt.

Esta transformación es la principal razón “del tsunami de enfermedades mentales en los adolescentes que comenzó a principios de la década de 2010”, concluye el autor.
La generación depresiva y ansiosa
Según estadísticas de Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido, la primera generación que atravesó la pubertad con smartphones en sus manos se volvió “más ansiosa, depresiva, autolesiva y suicida”.
Analizando datos sobre la crisis financiera mundial del 2008 y el cambio climático, Jonathan Haidt descarta éstas como fuentes importantes de depresión y ansiedad en los jóvenes.
El daño de Instagram
Al utilizar Instagram, los niños y niñas observan una gran cantidad de imágenes que les muestran estándares de belleza irreales, estilos de vida inexistentes o que solo llevan unas cuantas personas en el mundo, así como valores capitalistas orientados por los algoritmos.
Antes del ascenso de los smartphones, los niños y jóvenes se veían inmersos en distintos grupos sociales dentro de los cuales comenzaban a buscar referentes y formas de validación: la escuela, su colonia, la familia, grupos de amigos… Así, poco a poco iban conformando su identidad. Pero en los últimos años, este proceso social se ha visto alterado porque ahora son los algoritmos de las redes las que moldean este proceso.
En particular, Instagram y TikTok han sido dañinos para las niñas y jovencitas, quienes hacen scroll infinito entre una gran variedad de modelos, influncers y otras figuras que se muestran ante ellas como referentes o modelos a seguir.
¿El resultado? Una alta incidencia de depresión y ansiedad principalmente entre las niñas. A esto se suma que se van erosionando las habilidades sociales, en especial si se utilizan las redes sociales desde la infancia.
Por todo esto es que el autor recomienda dar un smartphone hasta después de los 14 años y permitir el uso de las redes sociales hasta los 16. Y a partir de ahí, supervisar de forma continua su uso.
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