El poder de opinar sobre cosas que a nadie le interesan
Fui uno de los convocados a una “especie de consejo editorial” para seleccionar autores en una colección que celebrará los 30 años del CONARTE (consejo para la cultura y las artes de Nuevo León). La idea: publicar a 30 escritores y escritoras de todos los géneros, el canon de la literatura regia pensé (y lo expresé) aunque no sentí entusiasmo de los otros expertos ante mi felicidad de ahora sí, entrarle al cabrito por los cuernos vi eso sí, mucha disciplina, los criterios estaban claros, entonces se barajaron nombres, se dieron opiniones, alguno sugirió no publicar a tres escritores en específico, el grupo sesionó varias ocasiones, algunas en vivo otras por zoom, se debatieron los pros y nunca se debatieron los contras porque en un proyecto así, estoy convencido no los hay, se entendió que la paridad de género no era obligatoria y que el número de autoras si era una o treinta sería el adecuado.
Cabe mencionar que en los treinta años de existencia de CONARTE (que ahora depende de la secretaria de cultura del estado y se ha convertido en un anexo con funciones específicas) se han realizado con ésta, tres colecciones editoriales de autores nacidos radicados y/o hechos en Nuevo León: ÁRIDO REINO la primera que en el género de poesía fue mediante una coedición con la editorial mantis, la segunda RÁFAGAS DE POESÍA en coedición con el tucán de Virginia, atendiendo solo el género de poesía en esa ocasión, en esas primeras dos tuve la suerte de participar en su hechura y en la selección de autores, en la primera trabajé con Pedro de Isla y Carolina Farías y en la segunda con Minerva Margarita Villarreal y Carmen Junco en estas tres colecciones he tenido la suerte y el honor de intervenir y meter mano para que la literatura regiomontana se expanda más allá del cerro de la silla y llegue hasta donde deba y pueda.
2025, 2026 y 2027 serán los años en que se completará el número de autores que única y exclusivamente tiene que ver con los años de existencia del consejo, tanto así que se optó por llamarla sencillamente “30 años CONARTE” en este año nos encontramos ante la segunda entrega que completará 20 títulos.
De cuando la poesía me dio asilo
¡Ve con los viejos! me dijo el vendedor de la librería Castillo que estaba en la calle Morelos en el centro de Monterrey, eso fue a mediados de los años 80s, resulta que en un extraño y juvenil ejercicio poético había decidido que, para adentrarme en el mundo literario, debería leer primero a la fauna local.
¿Con los viejos? pregunté extrañado pensando que se refería a ir a un asilo.
Sí, aquí a unas cuadras están las librerías de viejo, así se les llama a los establecimientos que venden libros de segunda mano, libros usados pues, ahí encontraras lo que andas buscando, me dijo mientras me escribía la dirección en un papelito, era la primera vez que escuchaba ese término.
Ya en el local encontré efectivamente en un polvoso y tambaleante apartado de un librero hecho con tablas y ladrillos sueltos, una leyenda que me entusiasmo: Poetas de Nuevo León, me llevé todos los libros que pude, entre ellos un delgado cuadernillo cuyo autor era Miguel Covarrubias y que formaba parte de la colección Poesía en el mundo (una actividad fundada por la asociación de estudiantes de arquitectura del Tecnológico de Monterrey en 1957 y que dirigía el Arq. Manuel Rodríguez Vizcarra).
El pequeño volumen que contenía 16 textos poéticos, se titulaba sencillamente o elocuentemente (como queramos verlo) “El poeta” su autor, comenzaba una producción poética que no ha parado desde entonces, 1969 era el año en que se había salido a la luz, entonces entendí todo como una señal: el año de edición era mi año de nacimiento, el título simple y directo, pero sobre todo la brevedad y el uso de la palabra y el ritmo me hicieron sentirme elegido.
Hay quien dice que cuando uno compra libros usados los rescata, los adopta, pero todos sabemos que son ellos los libros y sus autores, quienes nos rescatan a nosotros los lectores, quitémosle entonces los viejos y comunes entendimientos a la palabra asilo: lugar de descanso para personas de la tercera edad, yo entiendo a la palabra con su sentido más puro que es el de dar protección.
Entonces mi universo poético adoptó una raíz que consideré adecuada, las voces cercanas lideradas por aquel joven poeta que ahora se ha convertido en el decano de la poesía en el estado.
Si hubiera tenido más tiempo, habría escrito un prólogo más corto
Pocos escritores regiomontanos tan atrevidamente generosos como Miguel Covarrubias que con una vocación vital y un oficio asumido hace 60 años nos ha atendido desde la traducción, la entrevista, el ensayo, la actualización, la seducción, el inventario, la conversación frente a una taza de café o frente a una cámara de televisión, la cátedra, las revistas -y su edición-, la exigencia, la sabiduría, la lucha estudiantil, los sueños y sobre todo la poesía; todo esto se agradece porque termina siendo un puente entre el poeta y el lector, nadie olvidado, todos convidados en este juego de espejos que convierte a todo y a todos en poema, en poemas deseantes que quedan al alcance de nosotros mismos que nos vemos reflejados apreciando el mate frente al brillo, lo rugoso frente a lo pulido, lo aparentemente deforme frente a la perfección formal.
¿Qué pudiera exclamar Miguel Covarrubias al vislumbrar el horizonte si fuera (o pretendiera) ser un navegante?: ¿tierra a la vista? ¿se divisa el panorama? ¿eureka? ¿algún verso en alemán o en francés? sin duda ha dicho mucho (aquí una muestra), pero la obra poética de Covarrubias no se nos hace mucha por algo que ha delineado la postura de sus textos: exquisitez.
Digamos que un poeta es una fiera eterna “La mirada destroza con ferocidad contenida todo lo que encuentra a su paso” escribe un joven Miguel y otro Miguel, el mismo, pero más experimentado sabe que la espera no desordena y ese poeta ordenado, empapelado, habla con franqueza y a veces porque es necesario, bosqueja con alivio la imprudencia, pero aquí señalo su alma comprometida, -encorbatada o no-, leal a las flamas de la verdad, situándose también en lo social, traduciendo todos sus actos a la versión más pura de las versiones todas siempre impuras.
La poesía de Covarrubias es un nido vocálico, Edmond Jabes revela: “Un libro sobrevive en el tiempo gracias a su parte divina, ¿qué otra conclusión cabe? Está en nosotros como palabra premonitoria de un tiempo en reserva de eternidad”
No es posible concluir, no hay excusa que ampare al poeta insistente, huracán emboscado por las palabras, muchas décadas después Covarrubias ha depositado el destino en todos sus libros y nos ha recordado que la poesía es una exacta caracola, que la poesía es razón y luz, trayectoria deslumbrante marcada ¿por el tiempo?, pues así pareciera, pero insisto en el eterno presente que son sus poemas, tiempo sustraído al tiempo, acontecimiento que prevalece.
Los poemas de Covarrubias establecen una conversación y ese dialogo nos somete a la fascinación porque el lenguaje es contacto que se ve y que se siente, que desaparece y se sigue sintiendo como las marcas que sueltan los remos.
Ahora leo a Covarrubias navego con él en esta reunión de algunos de sus libros y entiendo lo que pretende, sus lectores lo acompañamos, estamos en el mismo barco.
Miguel Covarrubias
Pretendiente de Navegación
Colección 30 años CONARTE
2026
Nuestra comunidad