Hace unos días estaba en una reunión y un amigo lanzó a los presentes una pregunta harto interesante y que hoy les comparto: ¿cuáles son los tres mejores conciertos a los que has ido en tu vida?

En lo personal, creo que la respuesta a esta pregunta no es nada sencilla, pues siempre he creído que eso de la elaboración de listas es un tema muy delicado, donde se toman en cuenta muchos aspectos y circunstancias.

Primero está el más lógico: la banda de la que estás hablando porque, generalmente, uno pensaría que mientras más grande sea, mejor la experiencia.

Además, está el momento en que estabas en tu vida cuando fuiste a esa tocada, tu edad y hasta con quién fuiste… todo eso tiene mucho que ver al momento de rankear un concierto.

Con todo lo anterior en consideración y después de batallar un muchito, les comparto la que, creo, es la lista de los tres mejores conciertos a los que he ido en mi vida, sin ningún orden en específico.

1. Roger Waters, Estadio Universitario. Dark Side of the Moon Live, 2 de marzo de 2007.

No fue solamente la primera vez que vi al mítico y controvertido frontman de Pink Floyd en vivo —he tenido el privilegio de haber asistido a otras cuatro presentaciones más—, sino que también fue el día que tuve el gozo de escuchar por primera vez y en directo uno de mis álbumes favoritos en la historia.

A eso hay que agregar que la experiencia fue completa, pues Waters y su equipo instalaron un sistema de audio cuadrafónico que permitió replicar, en un coso para más de 40 mil personas, los efectos de sonido que nos enamoraron cuando escuchamos por primera vez y con audífonos la música de Pink Floyd.

Además, estaba esa enorme pantalla en alta definición que, para la época, era lo más moderno que podíamos presenciar.

2. Ennio Morricone, Arena Monterrey, 29 de mayo de 2008.

Acompañado por la Orquesta Roma Sinfonietta, el músico que, en lo personal, considero el más grande compositor de música para televisión y cine en la historia, llegó a tierras regiomontanas para regalar a sus seguidores una noche mágica.

No lo voy a negar, muchas veces a lo largo de la noche estuve a punto de derramar una lágrima de emoción —quizás sí lo hice— al escuchar en vivo y en todo su esplendor clásicos como El bueno, el malo y el feo, Érase una vez en América y El éxtasis del oro.

Fue precisamente en esa pieza donde Morricone mostró al público mexicano su grandeza y su compromiso por presentar, cada noche, lo mejor de lo mejor.

Y es que, una vez terminada la interpretación de la soprano Susana Rigacci, muchos en la arena sabían que algo no estaba en su lugar. El público presente, muchos de los cuales conocían de memoria este tema de Morricone, sabía que la cantante no había dado su mejor interpretación.

Lo que en ese momento nadie sabía es que tanto el maestro como Rigacci también estaban conscientes de ello. Por eso, cuando llegó el final del concierto y la gente solicitó con sus palmas otro par de temas, sucedió algo que nadie se esperaba.

Tomado de la mano de Rigacci, Morricone volvió al escenario y ordenó a su soprano y a la Sinfonietta que volvieran a tocar El éxtasis del oro. Esta vez, el tema sonó perfecto.

3. Soda Stereo, Plaza de Toros Reynosa. Gira Doble Vida, 24 de octubre de 1988.

Tenía apenas 16 años y este era uno de los primeros conciertos a los que asistía. El evento era especial porque, además, era una de las primeras veces que viajaba fuera de la ciudad para asistir a un recital, ya que en ese tiempo vivía en Matamoros.

Acompañado por mi hermano y mi compa Enrique Loyde, el sábado 22 de octubre tomamos el autobús y llegamos a Reynosa, solo para encontrarnos con el chasco de que el concierto se había pospuesto para dos días más adelante por unos problemas técnicos.

Pero no nos rendimos. Dos días después volvimos a viajar y, ahora sí, escuchamos a Soda interpretar no solo los temas con los que saltaron a la fama, como Nada personal y Cuando pase el temblor, sino también las canciones de su nueva producción, Doble Vida, entre ellas En la ciudad de la furia.

Sobra decir que la espera valió la pena.

Y ahí lo tienen: mi lista de los tres mejores conciertos a los que he asistido en mi vida. No fue sencillo elaborarla, pero estoy seguro de que, hasta hoy, es definitiva por todo lo que cada uno de estos eventos representó en mi vida.

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