Todavía no comienza el Año Nuevo y ya tengo tareas sin terminar en mi agenda 2026.

Es martes 30 de diciembre, 3 de la tarde, cuando recuerdo que por la mañana debí haber encargado 3 litros de pozole para la cena del Año Viejo y realizado una transferencia bancaria.

Dentro de todo, no son las consecuencias de mi olvido las que me preocupan, pues todo se puede solventar a tiempo. No. Lo primero que siento es cierta decepción por las primeras tareas perdidas de mi flamante agenda 2026.

Me invade una sensación de derrota con la que estoy muy familiarizada. ¿Será que soy tan desidiosa y tengo voluntad de pollo, como me lo dijo alguna vez un amigo? Quizá así vaya a seguir todo el año y sea mejor que renuncie desde ahora a perder el tiempo ideando pendientes que no realizaré.

Pero, antes de ceder a pensamientos catastrofistas, me siento a pensarlo por un momento y esta vez me doy cuenta de que estoy confundiendo desidia con capacidad de improvisación, lista de pendientes con mandamientos sagrados y planeación con éxito.

El hábito agridulce de llevar agenda

Cuando compré mi planeador desde mediados del mes, me había gustado que sus vistas semanales comenzaran desde el lunes 29 de diciembre.

Pensé que de alguna forma el destino me estaba dando el espacio para comenzar el 2026 bien encarrilada y –de paso- organizarme en estos días de ajetreo social. Así que desde el inicio de la semana saqué mis plumas de colores y me puse a escribir una lista de mis tareas. Algunas de ellas, necesarias; otras, deseables y más o menos prescindibles.

Aunque siempre escribo mis pendientes según su importancia para contribuir a proyectos mayores o para cumplir con compromisos sociales, no puedo evitar la incertidumbre de estar olvidando asuntos relevantes o de caer en el vicio contrario y anotar pendientes fútiles solo por llenar el espacio: salir a tal hora, pagar el recibo del gas, buscar una blusa…

Y luego está la sensación de derrota anticipada, esa intuición de que muchas de estas anotaciones se quedarán en buenos deseos. Plantas que no cambiaré de maceta, llamadas que no realizaré, informes que no voy a solicitar, proyectos que no voy a aterrizar.

Pero ahora que lo pienso detenidamente, me doy cuenta de que no son derrotas, sino situaciones inesperadas que se imponen de manera cotidiana. Sin importar qué tan planeada esté, la vida termina desviando parte de nuestro tiempo y energía hacia tareas que no estaban agendadas. Y está bien que sea así.

El enfoque de la energía

Para este martes también tenía planeada una cita médica que, afortunadamente, cubrí con puntualidad.

Horas antes, desde temprano, me concentré en la cocina porque era la primera vez –en estas vacaciones navideñas- que estábamos tranquilas mis hijas y yo en casa, y me pareció que debíamos almorzar y comer algo rico y bien elaborado. Luego, vimos un video bastante divertido sobre los récord Guiness que se rompieron en este 2025.

Cuando pienso en lo que hice y en el por qué lo hice me doy cuenta del factor emocional. En nuestro día a día no solo buscamos sacar adelante tareas: también actuamos según nuestras emociones y valores. Muchas veces elegimos –necesitamos- pasar el tiempo de acuerdo con cómo nos sentimos, algo que definitivamente no se puede agendar.

El lunes pasado yo no tenía manera de saber que este martes 30 de diciembre sería importante dedicar más tiempo que de costumbre a la cocina, porque hasta vivir el momento me percaté de que era la primera jornada tranquila en todas las vacaciones. De haberlo previsto, habría planeado la mañana con pendientes de la cocina y ahora mismo me estaría felicitando por el cumplimiento de mi agenda.

Al final, vamos enfocando nuestra energía en lo que consideramos más relevante, que no siempre es lo relacionado con la productividad.

Con todo y su espiral dorado, vista semanal, calendarios mensuales y espacios para notas, este planeador nuevo no incluye garantía contra olvidos.

Igual que sus antecesoras, en el 2026 mi agenda terminará siendo un compendio de citas y objetivos cumplidos, intercalados por múltiples tareas sin terminar y algunos propósitos en el aire. Pero esto no definirá mi año, porque sencillamente no siempre tengo manera de saber todo lo que será importante en el discurrir del calendario. Y ésta es una muy buena noticia.