En el área metropolitana de Monterrey, los conductores de automóviles comienzan a acostumbrarse, no muy a gusto, a la presencia de los vehículos conocidos como scooters. También se les puede llamar escúteres, si el término se castellaniza.

Por ser bichos raros en el paisaje, son fáciles de identificar: son vehículos ligeros, mayormente de dos ruedas, aunque también los hay de tres; tienen un sistema de desplazamiento de energía eléctrica, en las que el pasajero único viaja pie. Hay algunas modalidades, con asiento, y algunas hasta para llevar un pasajero, aunque estos son los menos.

El scootero enfrenta numerosas dificultades para desplazarse por la metrópoli. No hay infraestructura para que se desplace y está expuesto a los conductores agresivos de coches que en la mayoría de las veces circulan sin tomarlos en cuenta. Los automovilistas no saben que existen hasta que los ve pasar como un vehículo curioso, que se anda metiendo entre las calles como si fuera un gremlin escurridizo al que hay que evitar para no atropellarlo.

Una ciudad hecha para el auto

Ni las calles ni las aceras están hechas para que circulen estos biciclos motorizados.

Hubo un intento en la pasada administración municipal de Monterrey por hacer las banquetas más amplias para que circularan por ahí dispositivos ligeros, como bicis y patinetes, pero, por lo visto, no ha prendido mucho la idea. La raza prefiere andar a pie o en coche.

Para el automovilista, también hay un problema grande. Como los pequeños vehículos de dos ruedas no están regulados, nadie las he dicho cómo tratarlos. Hay un riesgo inminente de llevárselos de encuentro, pues muchas veces se dificulta su visibilidad en pleno día.

De noche es imperativo que el patinador vista ropas fosforescentes y active sus luces intermitentes para hacerse notar.

Además, no existe una cultura de la protección del scooterista, quien debería llevar, por lo menos, un casco protector, aunque esta opción es poco socorrida. Los que llevan su patín solo se avientan a la vía pública a la buena de Dios.

Eventualmente, las autoridades deberán establecer un reglamento de uso para el scooter, con reglas de circulación y sanciones para infractores.

Independientemente de la legislación, el usuario del escúter debe tener presente una regla ineludible: está obligado a circular como si fuera invisible, pues no debe dar por seguro que el conductor de automóvil lo verá.