Por motivos laborales, en casa adquirimos un scooter eléctrico, ese transporte motorizado de dos ruedas, utilizado para los traslados que no son muy largos. Se le llama también escúter, con la palabra castellanizada

Es una patineta pequeña que se impulsa con un sistema de motor eléctrico que alcanza, en el caso de la que tenemos, velocidades de hasta 30 kilómetros por hora. Su rapidez no es despreciable, si consideras que andas descubierto y protegido por un simple casco que, cuando aumentas la rapidez, se siente como la protección de una cáscara de cacahuate en la cabeza. Una caída en esas condiciones tiene consecuencias serias.

Lo malo de andar en scooter eléctrico por Monterrey, es que no hay infraestructura adecuada para la circulación. Las calles están atestadas por conductores agresivos y las banquetas intransitables. Ni siquiera un peatón puede andar con comodidad, menos un vehículo de motor que necesita espacio para agarrar vuelo.

El Alcalde y el Gobernador hacen alardes de la tendencia de Nuevo León hacia la movilidad eléctrica, que favorece la ecología, pues reemplaza a los motores de combustión contaminantes. En los hechos fríos, no hay condiciones para andar con seguridad en Monterrey, sobre un dispositivo ligero, como mi biciclo propulsado con una batería de litio.

Uno puede sentirse regio europeo, cuando anda en el vehículo de movilidad personal, pues en París se usa para ir de la casa a la estación del tren o hacer el tramo de la última milla, como se le llama al tramo final para alcanzar la meta, ya sea para llegar a un lugar, acceder a la estación del tren o del metro, o entregar un paquete. Pero la infraestructura local no es nada amistosa. En la Ciudad Luz hasta hay una industria de tours guiados en escúter. Pero no es lo mismo ir por la Rue Visconti que por Juárez.

Ya sé que no debo ocupar un carril de la avenida, pues este dispositivo no alcanza la velocidad de los coches, pero es una monserga querer cruzar de lado a lado avenidas como Revolución, ya ni digamos andar por el pavimento o culebrear por la banqueta llena de obstáculos.

Se recomienda que lo que maneja un scooter circule por el lado derecho de la avenida o por una ciclovía, de esas tan cacareadas por los políticos, que son inexistentes en la gran ciudad. Hay algunos tramos, en algunos sectores de la metrópoli, pero no son, en absoluto, vías seguras.

Afortunadamente en un ejercicio de honestidad, las autoridades de Tránsito municipal reconocen que no hay infraestructura para el desplazamiento de vehículos no regulados.

Calle o banqueta

Me lo advirtió un amigo que sabe de motocicletas y vehículos ligeros, como bicis o escúteres: cuando andes en una nave que está en desventaja frente al coche, conduce como si fueras invisible. No des por hecho que el que lleva un auto te ve, aunque estés enfrente. Los novatos, como yo, circulamos suponiendo que se percatan de nuestra presencia. Error. Por eso pasan los accidentes. Debes mentalizarte de que el conductor va a dar vuelta, hacia el lado donde te encuentras, como si no existieras. Es indispensable conducir con una actitud ultradefensiva. Lo bueno es que, por ser máquina descubierta, la visibilidad que tiene el conductor es total.

Uso mi monoplaza para andar en trayectos cortos dentro de la colonia, pero esta semana inesperadamente me quedé sin coche y tuve que hacer una incursión en territorio desconocido: cruzar una avenida rápida. El experimento sociológico de movilidad fue interesante, considerando mi inexperiencia en estos entuertos.

Andar en avenida en vehículo ligero es como nadar entre pirañas. El escúter que tengo se parece al patín del diablo que usábamos de niños, arrastrando un pie para agarrar vuelo, con la enorme diferencia de que el que tengo se mueve autónomo.

Cuando ruedas por calles dentro de la colonia, con autos que pasan a tu lado a velocidad moderada, el paseo es muy agradable e inusual, porque te desplazas de pie sobre una plancha que se conduce con una barra elevada, como manubrios a la altura del pecho. El viento te pega sabroso en la cara y el aparato agarra bastante vuelo. Cuando avanzas, agradeces no tener qué hacer el esfuerzo de dar pedaleadas, como en la bicicleta que está brava cuando hay que remontar calles cuesta arriba, aunque el declive sea leve. Con el escúter no se batalla en las subidas.

Voy por el interior de las colonias Ancón del Huajuco, La Española, Jardín Español, al oriente de Monterrey. El patín se mueve ligero. El acelerador funciona con el pulgar y los frenos de disco son suficientes para apaciguar cualquier acelerada abrupta. El mejor sistema que encuentro para disminuir velocidad es soltar el acelerador. La cabina de mando es una pequeña pantallita, sobre el manubrio, con sencillos indicadores de encendido, velocidad, luces.

Como el área donde avanzo fue fraccionada sin cohesión entre colonias, las calles son un laberinto. Muy pocas se conjuntan para formar rectas prolongadas, lo que hace que los conductores las eviten. Es fácil perderse en estos caminos. Por eso, la escasa circulación hace que la bicicleta o el scooter fluyan sin mayores sobresaltos. El problema es la necesaria salida hacia la Avenida José Alvarado, la vía principal de este sector. Los coches avanzan rápido y las banquetas están semi derruidas. Mínimo, están resquebrajadas. Se me complicaba maniobrar. Avanzaba por el sendero de peatones, pero un árbol, una cochera, un desnivel, me hacían que tuviera que bajar al arroyo. Dependiendo de la cantidad de coches que circulaban podía avanza rápido, pero necesariamente tenía que subirme de nuevo a la acera.

El punto crítico fue pasar Revolución de esquina a esquina. En el cruce con José Alvarado, es complicadísimo, incluso para el peatón. Por ser paso a desnivel hay un retorno, pero no existe ningún espacio donde el caminante pueda detenerse a descansar a la mitad, o a esperar que pasen los coches y autobuses del transporte urbano.

Lo que funciona es esperar que dejen de pasar los coches. Cuando se ve que vienen lejos hay que darle fierro. Iba a Home Depot, que está a unos 200 metros de distancia de ese punto. Entonces aproveché el momento del semáforo en rojo y por la orillita de la calle me fui a toda velocidad, porque el andador peatonal está destruido.

Llegué finalmente al establecimiento sin contratiempos y cumplí con el encargo, para emprender el regreso que fue igual de tortuoso en los puntos de dificultad estratégica que mencioné con antelación.

Fui y vine en una travesía mediana, y lo celebré en silencio como un triunfo.

¿Scooter eléctrico en Monterrey, o coche?

La pirámide de la movilidad aceptada internacionalmente coloca al peatón como el sujeto que debe ser prioritario en el desplazamiento en las ciudades. Luego siguen las bicicletas y demás medios ligeros como mi escúter. Los autos de transporte colectivo continúan en prioridad y después los de distribución de mercancías. En último sitio van los automóviles.

La jerarquía fue adoptada en el Manual de Calles, publicado en el 2019 por la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu), de alcance federal, en su llamado Diseño vial para ciudades mexicanas.

Este ordenamiento tiene mucho sentido si se considera que, según dicen los estudiosos del fenómeno, la mayoría de los viajes escolares y laborales en el país se realizan a pie o en camión urbano.

Actualmente, la pirámide se encuentra decepcionantemente invertida en Monterrey. El coche es el rey y el ser humano que camina, el mendigo. Se esperaría que se le diera prioridad al que, en movimiento, es más vulnerable, ocupa menos espacio y energía, y tiene menor costo social. Caminar es lo mejor pero, está visto, nuestra ciudad no es para andar a pie, con planchas de concreto que arden como comales al mediodía y con una inexistente arborización en la zona centro. La metrópoli fue edificada desde sus cimientos, para que circularan en  ella carretones, camiones, coches, y luego ríos de automotores que desbordan su capacidad. Parece ser que, en Monterrey, la solución para el peatón es imposible y que el imperio caótico de los carros continuará eternamente.

Ojalá se pudiera invertir el sentido de la escalera, para que en los peldaños más altos estuvieran los que se desplazan con mayor fragilidad y que le representan más economía a la sociedad, como las personas y los vehículos ligeros sin combustión.

Como saldo de esta primera aventura, que el escúter es para la circulación intra colonial, para trayectos breves y avanzar entre escasos vehículos, que se mueven con velocidad de zona escolar.

Ahora que ya me trepé a uno, siento un escalofrío imaginar a esos conductores suicidas que se arrojan sobre las avenidas Constitución o Morones Prieto a torear la fatalidad, mezclándose entre los autos y vehículos pesados que pasan zumbando a su lado o que se detienen con una enfrenada abrupta para no pasarles por encima. Definitivamente, no recomendaré esos atrevimientos por peligrosos pero, sobre todo, por imprudentes.

De cualquier manera, he comenzado a disfrutar del escúter. Con la práctica aprenderé a manejarlo con mayor habilidad y seguridad.

La idea es disfrutar el viaje y regresar a casa en una pieza.