Estaba anunciado, en el periódico, el estreno de una película que se llamaba Smoke, que tenía como elenco principal a Willam Hurt y Hervey Keitel. Me llamó la atención porque en ese tiempo, cuando vivía en San Antonio, estaba suscrito a la revista Entertainment Weekly, la biblia del entretenimiento, y no sabía que venía esa cinta de corte independiente, que en México se llamó Cigarros. Además, los dos son de mis actores favoritos.

Ese viernes ya había terminado mi turno en la pizzería, así que sin mayores expectativas acudí al Alamo Cinema, donde pasaban lo que se conoce como cine de arte, que no era más que producciones de presupuesto reducido y de estreno limitado.

Nada me preparaba para la maravilla.

Paul Benjamin, el escritor.

Después de ese día de junio de 1995, Smoke se ha convertido en una de mis cintas preferidas de todos los tiempos.

Es presentada como una película del director Wayne Wang, que generosamente comparte el crédito con el escritor Paul Auster. La recuerdo ahora porque Auster recién falleció el pasado 30 de abril.

El cuento de navidad

La película Smoke es una colección de historias entrelazadas, que confluyen, de una forma u otra, en la tienda de cigarros que atiende Auggie (Keitel), en Brooklyn.

Habla de gente simple, con una intensa vida interior, pero sigilosa. Así es el propietario mismo que lleva una vida anónima de soltero y sin hijos, y cuya única ocupación, además de atender el negocio, es tomar una fotografía todas las mañanas a la fachada del mismo, ocupación que lo ha atrapado desde hace años, por lo que no se permite siquiera tomar vacaciones.

La tiendita es el centro de su universo, y se siente absolutamente cómodo, como un rey en su palacio, mientras recibe clientes y sus amigos vagos con los que charla en el interior.

No necesita viajar para conocer lo que el mundo ofrece, pues con poner atención desde su esquina recibe todos los placeres que necesita para su espíritu frugal.

Un día, el escritor Paul (Hurt) va a comprar una cajetilla, lo que lo lleva a observar los abrumadores álbumes del comerciante, que tiene el registro de centenares de fotografías aparentemente idénticas, tomadas desde el mismo ángulo. Cuando el literato descubre en una de las imágenes a su esposa, fallecida trágicamente tiempo atrás, se da cuenta de que la perspectiva del mundo puede ser la misma, pero diferente, si se observa con otros ojos. Los álbumes tienen las mismas imágenes, pero cada una es nueva y con detalles particulares.

El cuento de navidad de Auggie Wren.

Desarrollan una amistad inusual, entre un comerciante que no da muestras de conocer de cultura, y un autor que es un verdadero intelectual. Juntos interactúan con personas que no tenían en su plan de vida y que terminan haciéndolos crecer como personas, ensanchándoles el alma, y haciéndoles contemplar el entorno desde una perspectiva nueva, exactamente como los álbumes de Auggie.

Cada nuevo encuentro los hace mejores. Y lo especial de sus días ocurre después de encender un delicioso cigarrillo.

Cigarros es una cinta encantadora, cargada de humanidad, que se refiere a hombres y mujeres solitarios, que conectan sus coincidencias en un mundo agresivo que dificulta la creación de afectos nuevos. No hay nada espectacular en lo que hacen a diario, y la trama no tiene grandes giros.

Lo verdaderamente sorprendente son sus vidas tranquilas que, sin embargo, son ricas en experiencias y sentimientos y que son modificadas con detalles pequeños. El afroamericano Rashid (Harold Perrineau Jr.) anda en busca de su padre Cyrus (Forrest Whitaker) que lo abandonó de chico, pero en el camino tiene un incidente afortunado con el escritor de quien se hace amigo, y quien lo conduce para que encuentre trabajo en la tienda de cigarros.

Rashid elige simbólicamente tener dos padres blancos, que le ayudan a sustituir la ausencia de su ascendente biológico, que es negro. La reconciliación se endurece y dificulta pero, en un entorno de corazones gentiles, la esperanza prevalece.

Ganas de escribir

El final es una gema, con personas que entran en estado de gracia con acontecimientos cotidianos. Paul Auster escribió el Cuento de Navidad de Auggie Wren y después elaboró el guion de la película Smoke. El desenlace mágico es de Auggie que le relata precisamente esa historia decembrina a su amigo escritor Paul, que tiene bloqueo creativo.

Las imágenes del relato, que se entremezclan con los créditos finales, son una maravilla aderezada con la voz de Tom Waits, que canta You’re innocent, con una tonada que está a punto de desmoronarse, por el sentimiento extremo con el que interpreta.

Estaba solo en el cine. Esas películas son de poco público. Pero mientras pasaban ante mí las últimas imágenes, y arrancaba la canción Smoke gets in your eyes, en la versión rockera de Jerry Garcia Band, quería tener a alguien a quien comunicarle que acababa de presenciar un milagro.

Salí a la calle con ganas de saltar de alegría, jubiloso por lo que acababa de ver y convencido de que Paul Auster es un genio. Regresé al depa y me senté a aporrear el teclado para terminar un texto de ficción que tenía empezado.

Con historias como la de Smoke le dan a uno ganas de convertirse en escritor.

Auster, Keitel y Wang.