Se desparrama la visión
1. Lo llamó el rector, sí, el rector. Que se comunicara de inmediato.
Ya he escrito en ocasiones anteriores -siempre con profunda admiración- algunos comentarios sobre la obra de Miguel Covarrubias, decano de la poesía en el estado, resaltando siempre que prácticamente la literatura que se escribió desde esta ciudad pasó por la visión y re visión de Covarrubias que fungió como maestro, editor, promotor, autor, traductor, animador de varias generaciones, entonces pudiera parecer extraño que no esté entre los investigadores que publicaron alguna antología de la poesía Nuevoleonesa, dado su visión periférica en el asunto, lo que compensa este pequeño detalle (u omisión voluntaria) en este apartado de la amplia obra de Covarrubias es Desde el cerro de la silla, artes y letras de Nuevo León volumen del que que fue editor y donde por supuesto aprovechó la herencia de historiador y periodista cultural de su padre Don Ricardo Covarrubias.

Cuando leí por primera vez -hace algunos años- el prólogo donde se narra la génesis del proyecto, imaginaba esa llamada telefónica que todos estamos esperando, aunque lo neguemos, de algún funcionario o directivo importante o importantísimo para solicitar nuestra ayuda en una misión trascendental y que el poderoso o poderosísimo te de el encargo sin complicarse y te pida/exija algo sencillito así como lo que hizo Daniel Cosio Villegas en La historia General de México aquel librito que publico el colegio de México y tú tratando de parecer firme contestes con toda naturalidad claro, claro, ya se me ocurrirá algo, (para fortuna de Covarrubias en esa época no había video llamadas).
2. Parcelas
Covarrubias divisó el panorama y armó un dream team de esa época que quedó estructurado de la siguiente manera:
El capítulo sobre arte rupestre estaría a cargo de William Breen Murray, sobre artesanías hablaría Fernando Garza Quirós, la cocina tradicional de Nuevo león quedó a cuidado de Silvia Mijares, la investigación artes plásticas de la Universidad en el periodo de 1948 a 1976 corrió a cargo de José González Quijano, los apuntes sobre el teatro regiomontano 1857-1980 fueron atendidos por Dulce María González, el pensamiento científico de Nuevo León por Francisco Ruiz Solís. El periodismo cultural, por Jorge Cantú de la Garza, en el aspecto literario la narrativa (específicamente la novela) se le encargó a Alfonso Rangel Guerra, el panorama sobre el cuento a José Javier Villarreal, las cuestiones poéticas fueron un encargo para Minerva Margarita Villarreal y la historia del estado tanto en libros como la manufactura de una cronología histórica quedaron a cargo de Humberto Salazar.
En la cuestión editorial, el diseño estuvo a cargo de Aída Ocañas, la portada la realizó Armando López y las fotografías fueron tomadas por Erik Estrada.
Tan solo imaginar a estos personajes reunidos en una sala me emociona sobremanera, la mayoría de estos trabajos fueron apareciendo con los años (mejorados y aumentados) como libros individuales de los autores, sin embargo este libro se convirtió en la más completa idea de lo que es N.L. desde todas las aristas y aquel encarguito de hazte algún librito algo que le podamos ofrecer a Nuevo León, a su gente, había sido resuelto, Covarrubias había adherido por vez primera capítulos de la cultura nuevoleonesa sacándolos de su guarida y con la ayuda de su dream team vestirlos de dignidad para que se enorgullecieran los ojos del lampacense, regiomontano o sureñonorteño de Galeana.
3. Vengo cantando a gente sorda
Durante algunos años -tal vez décadas- me cuestioné si fue la manera adecuada o inadecuada el abordaje que realizó Minerva Margarita Villarreal sobre la poesía nuevoleonesa, si esa era la postura correcta de presentar en sociedad las cuestiones poéticas, el mismo Covarrubias justificó aquella investigación de manera elegante: la construcción alterna de nuestras cuestiones poéticas anudando los hilos grises de la localidad con los hilos dorados del centralismo, entiendo que la investigación que después se convirtió en la antología Nuevo León brújula solar poesía (1876-1992) era una exigencia más para ella misma que para los autores seleccionados, señalados y criticados y que había que desmitificar primero al poeta que se decía serlo o que era identificado por otras “cuestiones” Minerva apunta:
El poeta que es en la medida que es, se afirma en su circunstancia, sea cual sea. No estoy descubriendo Roma, al menos intento salir del autoengaño, de esta forma de autoengaño en la cual se entrampan muchos poetas de provincia.
Villarreal los agrupó de la siguiente manera: Sergio Cordero, Leticia Herrera, Eduardo Zambrano y Samuel Noyola que eran los jóvenes de entonces, Humberto Salazar, José Javier Villarreal Guillermo Meléndez y Margarito Cuellar conformaron un segundo bloque, luego el siguiente lo conformaron Homero Galarza, José María Lugo y Alfonso Reyes Martínez, luego aparece el conformado por Jorge Cantú de la Garza, Carmen Alardin y Horacio Salazar Ortiz, los últimos bloques reducidos los conformaron Miguel Covarrubias y Gabriel Zaid, y en otro Andrés Huerta y Gloria Collado para luego hablar individualmente de Pedro Garfias, Alfonso Reyes, Alfonso Junco, Felipe Guerra Castro, Francisco de Paula Morales, Celedonio Junco de la Vega, para terminar con Fray Servando Teresa de Mier.
4. El logrado intento o like a rolling stone
Con la aparición de este volumen (que por sí mismo exige una reedición) se colocaba la primera piedra de un edificio, la ventaja era que esa piedra era una rústica piedra propiciada del arte rupestre, es decir, una piedra de verdad.
Tomando ideas sueltas del editor intento construir al menos un buen párrafo para recordar, recomendar esta obra monumental: aquí hay una historia de las ideas, porque sin ideas carecemos de brújula, corriendo el riesgo de que estas hechuras compiladas sean solo ruido sin valor, porque pasaba que no se había desbrozado el camino en algunos temas abordados, qué fortuna que alguien Divisó el panorama e ideó este libro. Uf no doy para más que para anunciarlo o re- anunciarlo y acudo a la ayuda de Covarrubias que en la última línea del prólogo precisa: Los resultados están a la vista y el lector podrá -sabiamente, cordialmente- juzgar.
Desde el cerro de la silla Artes y letras de Nuevo León
Miguel Covarrubias (editor)
UANL, 1992
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