Lo que sigue de la oruga. Reseña de “La oruga en la rosa”, de Ernesto Castillo
Ernesto Castillo comienza este libro (que reúne una selección de textos que abordan el trabajo literario de autores del estado de Nuevo León y que fueron publicados en el Diario de Monterrey y en la revista Oficio entre 1987 y 1997) con dos advertencias, con dos señalamientos, el primero: La adulación demerita y crea una idea errónea sobre la calidad de los autores; Castillo para fines prácticos es el investigador de la literatura del estado que más libros ha publicado al respecto, 7 en total, La oruga en la rosa sería el primero de ellos y se enfoca en 25 libros de los cuales 20 al menos son de autores regiomontanos, sin embargo, a mi parecer se contradice, porque al tomar en cuenta a los autores, darles un espacio, atenderlos, señalar aspectos de su desarrollo en el oficio, leerlos y hacer un análisis crítico es en alguna “mínima” medida adularlos.
Desconozco a qué tipo de crítica con ese sentido se refería Castillo, puedo creer que su señalamiento obedecía más a una defensa de él mismo, los que lo hemos leído a través de los años conocemos que puntualiza en aspectos muy enfocados cuando habla sobre algún autor y aún más específicos en aspectos lingüísticos.
Es interesante señalar también el enfoque fundacional de este libro, que sería el primero en su tipo en recopilar críticas o reseñas de obras (libros en particular y no la totalidad de la obra hasta ese momento publicada por un determinado autor o que abordaran una poética generalizadora de un creador en específico) en mi investigación he encontrado muy pocos, es decir, el hecho nos señala varias cosas: el género de la crítica no se practicaba, ni se practica regularmente y si a esto le sumamos la desaparición hace décadas de los suplementos culturales, dichos actos hacen muy escaso este apartado necesario, para insistir -como bien dice el autor en la introducción- en el estudio objetivo de la producción literaria.
En resumen: estos escasos volúmenes que recopilan las críticas de algunos autores (como se Mencionó, Castillo tiene algunos otros en su producción que más adelante abordaremos) son a mi parecer una radiografía de la evolución de la literatura y que es la idea primordial de este libro, la metamorfosis de autores que van dando sentido al corpus no solo generacional sino histórico y por supuesto a la formación de un canon, Ernesto Castillo ejemplifica con el poeta Eduardo Zambrano que es publicado en Zacatecas a finales de los años 80 del siglo XX y aparece 10 años después con una auto publicación, aunque a primera vista la diferencia entre ser publicado por una universidad y después aparecer más artesanal por decirlo de alguna manera pudiera no solo generar confusión sino polémica, porque parecería una regresión, o estancamiento en el mejor de los sentidos; esto se ve anulado por la calidad del autor, convertido ahora en uno de nuestros poetas mayores.
El segundo señalamiento, la segunda advertencia de Castillo: distintos escritores adolecen de una formación como lectores, situación que se refleja en su producción literaria.
Al respecto no haré ningún comentario, los años han puesto en evidencia muchos casos en que este requisito fundamental para entender el oficio y entrarle a la escritura, no ha sido tomado en cuenta por aventureros creadores con las consecuencias merecidas.

Retratos
Entre las obras de los escritores revisados están: Estoy de paso de Andrés Huerta, Meditación sin fin de Homero Galarza, Retratos de una burguesía de Josefina Beatriz Longoria, Pandora de Miguel Covarrubias, Jacinto Enloquecido de Guillermo Meléndez, México Mestizo de Agustín Basave Benítez, El escorial y oros poemas de amor de Armando Joel Dávila, Mar del Norte de José Javier Villarreal, Noticias poéticas de Margarito Cuéllar, Estoy en la acera de los que vemos de Gabriel Contreras, Aquí Afuera de Eduardo Zambrano entre otros, una mezcla de la producción local acaparada por la vieja Guardia Basave, Rangel, Covarrubias, Meléndez y con el asomo de los herederos Cuellar, Villarreal Contreras y la mano levantada de los que conformarían a los nuevos autores nacidos en la década de los 60 (siglo XX), encabezada por Eduardo Zambrano y que Castillo atenderá en sus siguientes publicaciones.
Argumentos
Los señalamientos y las advertencias del crítico, que nos pudiesen parecer entre inocentes o exigentes están justificadísimos en su visión crítica, y en algunos textos desenmascara y exhibe autores, nunca he estado de acuerdo en la rudeza innecesaria, pero si vemos en conjunto el proceso de la metamorfosis de los autores del estado, una reseña contribuía y contribuye – si el autor la acepta con madurez y sin gancharse, para dar un paso adelante y pasar a revisión al autor y exigirle mejoras es decir la crítica (recibirla) es a la vez una herramienta para el escritor y su formación.
Los años pasan y autores desde entonces reseñados siguen en activo, algunos y curiosamente algunas desaparecieron del mapa literario, nadie los asustó, ni las asustó, el filtro del tiempo hizo su trabajo.
El pasado en su justa dimensión
Las observaciones de Ernesto castillo han acompañado a autores y lectores de la literatura de Nuevo León desde hace casi 40 años, su registro importantísimo es un mapa que nos ubica en la mejor de las posiciones el de lectores exigentes, el de autores que serán juzgados de la mejor manera para beneficiar su camino y formación.
El eslabón necesario es la pluma de Castillo que no les tiene temor a las ideas y que sin proclamarse el abogado de la corrección -como otros- encontró su lugar, porque sus reflexiones a unos los ponen en su lugar y a otros les dan su lugar.
Ernesto Castillo
La oruga en la rosa
UANL
Preparatoria 16
1997.
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