El sombrero y el conejo
El acto de magia cliché, el que todos conocemos es aparecer a un conejo en un sombrero, pero mi recuerdo mayor sobre conejos y sombreros se encuentra en un capítulo de las caricaturas de bugs bunny, lo típico era que siempre anduviera escapando de un cazador calvo y en esa ocasión mientras lo perseguían, a un camión que pasaba por una carretera cercana y que llevaba sombreros para un teatro, accidentalmente se le abre la puerta de atrás, justo cuando pasaba por un puente, los sombreros vuelan por el bosque y caen en las cabezas de los personajes que adoptan distintas personalidades según sea el caso: un casco de soldado, un sombrero vaquero, un gorro de policía, un sombrero elegante que usa un gánster, el capítulo es muy divertido y lo acabo de volver a ver después de muchos años, no recordaba que había una introducción con una voz en off que afirmaba que estudios revelan que los individuos cambiaban su personalidad según su atuendo, no sé qué tan cierto sea eso y no voy a saludar con sombrero ajeno al respecto, me quedo con la caricatura que además tiene un final feliz: al cazador le cae en la cabeza un sombrero de copa y al conejo un velo de novia, se miran enamorados y se abrazan, termina la guerra, triunfa el amor.
Entonces imagino a Pancho con distintos atuendos -con distintos sombreros-, aunque hay que aclarar que personalidad solo tiene una: la de poeta y es la que se antepone a todos sus adjetivos: poeta cronista, poeta vago, poeta viajero, poeta caminante, poeta centinela, poeta cafetero, poeta caguamero, poeta sibarita, poeta urbano, poeta de la estirpe del siglo de oro.
Ideas más acabadas que el paso por la vida
Aquí no sobran sombreros es una bitácora personal de pequeños artículos en prosa que Serrano ha escrito en sus redes sociales desde hace años, se puede decir que en los ciento sesenta y un textos que conforman el libro, el poeta nos habla de las vicisitudes de la vida y es cierto, cuarenta textos podríamos clasificarlos como de todo en botica, pero los ciento treinta y seis restantes se dividen únicamente en seis temas que le apasionan y que son en los que gira toda la odisea Serrana, estos son en orden numérico de mayor a menor, primeramente, los que hablan de comida, luego los que cuentan anécdotas relacionadas con el alcohol, le sigue la poesía, luego los de mascotas (perros y gatos) pasando después a asuntos de árboles y paisaje que se instala en la misma cantidad que sus aventuras al viajar en el transporte urbano.
Sombra dantesca de ciudad
Entonces veo a Pancho poniéndose un toque (así se llama el icónico y feo sombrero que usan los chefs) porque Serrano conoce los secretos de cocinas y restaurantes y como le ha tocado estar de ambos lados, sabe sazonar bien las historias que cuenta, como la tabla de salvación donde enumera lugares que te salvan la vida cuando andas con poco dinero en la calle y te da hambre pero su repaso incluye también los chicharrones de la Ramos, pasando por las hamburguesas Revolución, un molazo oaxaqueño sin foto para no antojar o haciendo una reflexión filosófica sobre la gente que vende hot dogs en un carrito.
Ahora veo a Serrano vestido como se visten los poetas, con un elegante sombrero negro vaquero, como el que luce Lupe el de Bronco en sus conciertos, Pancho entra a una cantina y sale en otra como en un portal que te lleva a otra dimensión, parece que se tele transporta, pero nos tele transporta, saluda a gente, entabla conversaciones con desconocidos, canta en el karaoke, hace negocios vendiendo café, baila con dos morras al mismo tiempo que después lo mandan a la chingada, discute (y por supuesto que le gana) con un chilango la temperatura exacta de una cheve, o le explica a un sudamericano el significado holístico de beberse una caguama.
Ataviado con una gorra de pescador como la que usan los turistas japoneses y también los pescadores, Pancho habla de poesía, evoca a su sensei Samuel Noyola siempre y escribe poesía, afuera de una tienda de conveniencia, si alguien se le acerca a pedirle consejos poéticos enciende un cartucho de T.N.T. (Tomás Navarro Tomás) y lo hace explotar, en sus noches en vela, porque a veces ha trabajado de velador también escribe poemas, aprovechándose de que a la noche no le sobra nada y es siempre generosa en aventuras, en sueños, en amores, en imaginaciones.
Serrano cuando sale a pasear a su perro, no usa ropa de marca como acostumbra, para esas ocasiones opta por vestir casual y usa una gorra de béisbol, a veces el paseo es largo porque el perro lo pasea a él, pasean juntos más bien, son amigos, son familia, cómplices, se cuidan mutuamente, se comprenden, se platican secretos, él le prometió que lo haría famoso: un día en un libro que escriba, levantándole la oreja y cuchicheando, le dijo: voy a hablar de ti no una sino varias veces quien quite y luego lleven esas historias a netflix, uno nunca sabe, uno siempre sabe.
Pancho forma parte del paisaje urbano y viste un sombrero como el de los personajes en los cuadros de Magritte, se describe cuando describe, se descubre descubriendo la urbe, camina hacia un taller donde arreglan máquinas de escribir, se encontró en un bazar entre libros y revistas camisetas discos y jean, una de marca japonesa y ha decidido escribir unos buenos versos con ella, pero termina usándola para hacer sonidos de unas rolas que grabará después con una banda de tecno cumbia punk que fundo en los 90s, a la gente se le hace raro el aparatejo, bueno se les hace raro ver a un enorme caballero con un bombín y cargando el extraño armatoste, seguro si le hubiese preguntado algún joven de otra generación ¿qué es eso?, él le hubiera dicho que era un clavicordio o una escafandra o un astrolabio o les hubiera dado una buena lección sobre poesía de las que sabe dar pero que no da, porque no se le pega la gana, hasta puedo oír al pancho diciendo: mira camarada esto no estás tú para saberlo, ni yo para contarlo, simple y sencillamente es una pesada metáfora que sirve para hidratarnos y acto seguido la guardaría en su mochila al lado de una fría caguama que también le sirve para hidratarse sobre todo en los días calurosos -y en los fríos también- de esta ciudad.
Ataviado con un casco de soldado, Serrano viaja en el metro y en camión, supongo que lo usa por protección, las horas pico son salvajes y Pancho siempre las libra, a veces ha escrito sonetos alejandrinos en algunos andenes o en viajes más o menos largos, y ha interrumpido alguna décima para cederle el asiento a una señora embarazada o a una viejita que carga pesadas bolsas de mandado.
Serrano pide un Baileys en las rocas, parece un tipo fino
El mundo es un changarro que siempre esta surtido, el mundo es una esquina oscura y peligrosa donde tienes amigos que te hacen el paro, el mundo es un tugurio cómodo donde uno puede ser feliz, el mundo es la sombra que dan muchos sombreros, a Francisco J. Serrano todos le pertenecen, todos son reales, todos los usa y con todos ellos nos saluda.
Aquí no sobran sombreros
Francisco J. Serrano
UANL
2024
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