Una reseña de Las huellas del lector, de Eduardo Zambrano (Oficio, 2016)
Gozo y asombro
Eduardo Zambrano es una de las voces mayores en la poesía de Nuevo León, su oficio y talento lo colocaron ahí indiscutiblemente; nos leemos mutuamente con una complicidad de décadas y sé que es de esos escritores, de esos poetas que se enorgullecen de lo que han leído más que de lo que han escrito, lo presumo como mi amigo por supuesto pero también como uno de los mejores lectores que conozco, generoso y agradecido él me comunica sus descubrimientos que van desde el joven tallerista estudiante de la UANL, pasando por los poetas españoles contemporáneos que publica vaso roto, o pretextos, hasta otros polacos, además de otros irlandeses y otros poetas japoneses y otros poetas asiáticos, su serendipia siempre llega a mis oídos y es un deleite tener en Zambrano a una especie Virgilio personal.
Si dejara de leer un poco tendría más tiempo para vivir
Zambrano en este libro de ¿ensayos?, ¿anécdotas? recrea y revela su experiencia lectora, la cuarta de forros escrita por mi amado y siempre recordado maestro Arnulfo Vigil dice al calce:
Las huellas del lector es la constancia de los libros que sí han marcado a un poeta que ahora transcribe aquellos versos que le han impactado o que le han quitado el sueño. Es también, una invitación a leer poesía. Y convidar del inmenso placer que significa pasar las páginas de un libro con los dedos ensalivados. En un país en el que los índices de lectura son vergonzosos, sobresale el propósito de fomentar la lectura y darle la palabra al lector. Leer una hora o dos al día proporciona más tiempo para vivir.
En la portada una foto de Norma Jean, una lectora voraz e inteligente que fingía ser Marilyn Monroe una rubia despampanante a la que todos tachaban de tonta, comprueba que la lectura siempre seduce.
El lector toma la palabra un acercamiento critico a libros y autores
Sin la pretensión de hacer un acercamiento crítico y sin tener una estructura que sugiera un proyecto formativo, Zambrano divide «Las huellas del lector» en tres capítulos los poetas de aquí, los poetas de allá y los poetas de acullá en el primer capítulo incluye a ocho poetas de Nuevo León: José Javier Villarreal, Gabriela Cantú Westendarp, Armando Alanís Pulido, Leticia Herrera, Lupita Pérez Guillermo Meléndez, Fray Servando Teresa de Mier y Dulce María González.
Los de Aquí
De José Javier Villarreal atiende Campo Alaska publicado en el año 2012 por Almadía al que compara con una postal que contiene paisajes y recuerdos y del que destaca la lucidez de Villarreal, que revela la condición humana mediante una iluminación imprevista que gravita en el peso de la ausencia, poeta y lector coinciden: El poema está ahí, en el cielo, brillando, con todos los materiales propios de la tierra…
De Armando Alanís Pulido revisa El fin de las afinidades publicado en 2014 por Oficio, Zambrano conoce a los autores y confirma que Alanís apuesta a la cotidianidad y a la búsqueda descabellada de intentar poetizarlo todo, en esos intentos cuando la simplicidad se vuelve única empieza a sonar interesante porque ya sea intuición con las palabras o empatía con la gente de la calle el poeta muchas veces acierta.
De Gabriela Cantú Westendarp se adentra en Material Peligroso libro que se editó primeramente en la Universidad de Zacatecas y después en una coedición entre la UANL y la prestigiosa editorial española Hiperión en el año 2015, detectando la secuencia bien definida de Cantú al abordar la toma de conciencia del otro que somos el cuerpo en su estado temporal donde sufrimos y algo se nos revela la fuerza de la soledad y el amor y por supuesto la palabra y el entendimiento del oficio.
Al abordar a Guillermo Meléndez en el libro Vestigios del ausente, publicado en ediciones caletita en 2015 se destaca la sed de justicia, es decir la sed de dar testimonio del adiós, de la despedida, y hacer visible un mundo en apariencia insignificante, pero lleno de vida con su observación decidida minuciosa y desgastante, como si estuviéramos viendo con un microscopio.
La figura del padre Mier es fundamental por donde se quiera ver y su vena poética lo incluye sin discusión en cualquier antología de poesía de Nuevo León, lo que se sabe de él, él lo contó y lo escribió, Zambrano se encuentra en esta recopilación de Aforismos, una recopilación de Genaro Huacal para Postdata editores que apareció en el 2013, con la metáfora de la referencia para llevarnos a…
Su nombre que ahora es biblioteca o avenida nos lleva a transitar hacia los lugares correctos.
El lector- escritor atiende a sus contemporáneos Zambrano nacido en 1960, es amable y generoso al poner atención en lo que él forma parte entonces Leticia Herrera con sus palabras roncas que vio la luz en una edición boliviana en 2016 es comentada y al mismo tiempo visibiliza a todos los de esa generación no se quedan solos, y su lectura revela y se rebela, sin autocomplacencias aquí el poeta lector, se ve en el espejo, se reconstruye.
El que está cercano a la poesía es un reincidente y en la voz de Lupita Pérez, Zambrano encuentra una coincidencia, él como autor tiene un libro titulado igual que el que ahora reseña Reincidencias y en el de Pérez editado en el 2016 por la UANL el lector advierte que no es de no de criminales sino de fugitivos reincidir lo afirma junto a la autora, no hay otra manera para sobrevivir.
En Dulce María González, Zambrano encuentra la condición Maravillosa que la autora nos heredó, el oficio de recordar, González es de esas autoras a las que siempre recordamos, y aunque seamos solitarios árboles en un inmenso jardín, estamos condenados a movernos ¿hacia dónde? se pregunta el lector, movernos hacia nosotros mismos.
Aguardar a la muerte leyendo
Del epilogo que son tres poemas con el tema de la lectura Zambrano nos escribe y nos agradece y vale la pena decirlo ante sus lecturas amables los agradecidos somos nosotros
Desde hace años que he guardado distancia
con los trabajos del poeta Nos vamos de vez en cuando a tomar un café
o una copa.
El anda como desangelado
Y yo, la verdad ya me cansé de darle ánimos.
Eso sí., le comparto aun mis lecturas,
Ese espacio de soledad cuando las palabras
encienden las luces
en la noche inmensa.
Pero ya ni eso le reconforta.
Por eso digo que he tomado distancia
y no involucrarme más con su amargura.
El paso del tiempo
es una difícil prueba para los poetas.
Se toman demasiado en serio su oficio.
Uno como lector se los agradece.
Pero ya se sabe que eso no sirve de mucho
cuando los pobres andan ahí
como el albatros de Baudelaire
desangelados.
(El lector toma la palabra, pagina 140)
Las huellas del lector
Eduardo Zambrano
Oficio, 2016
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