Una reseña literaria del libro «Como cualquier vicio que empieza (cuatro poetas)», escrito por estudiantes egresados de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

Empieza el vicio

El reino de las palabras no tiene límites, entonces qué alegría encontrar a estos jóvenes, a estos poetas, a estos jóvenes poetas que representan la “nueva avanzada regia” (ya obtendrán otro adjetivo menos apresurado, y más adecuado) de la más reciente generación de escritores de una parte del noreste mexicano (Nuevo León y Coahuila), que saliendo (o escapando) del restringido vocabulario que la sociedad considera sensato y bueno, se presentan, avalados por la UANL y por el maestro Eduardo Langagne que en el prólogo señala lo siguiente:

Todas son propuestas consistentes; han iniciado en un punto semejante, han partido de un esmero colectivo pero cada una de las voces avanzará por su propio camino. El libro representa una propuesta generacional que va más allá del espacio geográfico donde fue generada. Tendremos en adelante numerosas y nuevas sorpresas de la amplia comunidad universitaria que practica el oficio de la escritura. Esta edición es un impulso a los resultados de un oficio virtuoso, un reconocimiento al empeño y una propuesta novedosa y rica para lectores y lectoras de varias generaciones.

En la lengua de mi mundo quiere decirlo todo

Yo espero que a ustedes les pase lo mismo que a mí cuando leo poesía (aclaro: lo que me pasa es muy sencillo y a la vez muy complicado). Me emociono.

Hoy estos poetas exploran el reflejo de sus experiencias y nos dan la oportunidad de entender sus universos para entender el nuestro:

 “Imaginar es disolver las barreras, no hacer caso a los limites, subvertir la visión del mundo que se nos ha expuesto”.

Esta sentencia de Alberto Manguel un hombre que en su juventud, durante dos años leyó en voz alta para Borges, no puede ser más verdadera ante el ímpetu y el desenfreno de estas nuevas voces.

Ruti

Los que lo conocen saben que es sorprendente su curiosidad lectora, los que no lo conocen deberían de conocerlo y estas páginas son una oportunidad para tener un primer acercamiento a esa galaxia bilingüe y sin orillas que lo conforma, Carlos da su testimonio y nos advierte entre otras cosas que somos libres, He olvidado mis ojos en algún lugar del paisaje, conforma una voz que camina no solo atrás de su voz, sino que camina junto al lector, le hace compañía como las antiguas canciones que forman el soundtrack de nuestras vidas.

Vuelvo a mirarme las manos

y regresa a mí el empolvado deseo de tocar la azulada caricia

de una tormenta.

                   (He olvidado mis ojos en algún lugar del paisaje, fragmento, pág.22)

Fer

Cuando la poeta proclama rompo todo lo que toco, no está asumiendo una culpa por la torpeza que eso pudiera implicar, es más bien una advertencia, porque entiende el poder de las palabras, de sus palabras que lo mismo empujan una puerta que una decisión, Ramos se derrama y nos dice como nos ve y como no nos ve.

Eres una boca con dolor, ajustada al vaivén de un anzuelo.

Quiero huir. Ven.

Un pez no puede deshacerse del engaño

Tan rápido.

Ven.

El miedo está contenido en los restos de carne

que se quedan en el anzuelo.

                                                                     (Negro, 2, fragmento, pág. 29

Lázaro

La inmensa ciudad en miniatura que trazan los versos de Lázaro Izael, es un arco tensado que prepara a la flecha que dará en el blanco, las palabras que condensan el miedo y la ilusión son los brazos de la noche que devora al sueño y a sabiendas de que la imaginación no es suficiente sujeta sus palabras/ cuerpo con unos ganchos y resiste.

Para alcanzar su corazón

 un sitio como este

 se sostiene de los gritos

bajo tierra

tomaban nuestras huellas

un refugio

del corazón su pulso

la lengua

no es cierto que podamos olvidar

                                         (Tibia encontrada al centro de una fosa, fragmento pág. 46)

Ángel

Poemas ensortijados, poemas bamboleo, poemas agitados, poemas péndulos, poemas que reptan y respiran y nos sostienen la mirada y aniquilan toda duda ante algunos verbos como el verbo amar, y miramos y miramos y miramos y encontramos respuestas.

A espaldas flexible y suntuosa la palabra amor vibra nuevamente arborecida y mana de entre nosotros el milagro de llamarse caduceo, reptil, muro, timbal, cielo

Mas bastaba, mejor dicho, un abrazo, más profundo que esa luz inmarcesible entre los pastizales con la que tomabas por asalto, la ciudad, la silueta, mi nombre.

                         (seguramente saña y oro en proporción de alumbre, fragmento, pág. 62)

Estos cuatro fantásticos poetas, se entronizan espontáneamente en mis lecturas y ahora hablo en plural porque leo en plural:  estos cuatro fantásticos poetas nos comparten palabras frescas y verdaderas, sus historias designan una historia la autobiografía de todos, no sé si ellos estén conscientes, pero como vicioso que soy de las palabras les agradezco que desde la juvenil trinchera nos convocan al vicio de la poesía.

Como cualquier vicio que empieza

(cuatro poetas)

Ángel Candelaria, Lázaro Izael, María Fernanda Ramos y Carlos Rutilo.

UANL, Tilde editores

2024