BORRACHO VEO POR EL FONDO DEL TARRO AL MAR SONRIENDO
1. APUNTES ALIGERADOS
La visión integradora que propone un tradicional haikú aquí se cumple, en la inmensidad de las diecisiete silabas Fernando J. Elizondo cuenta hasta cien y en ese mismo número de oleajes muestra poseer la habilidad literaria que le permite nadar, surfear y bucear en el mar o bien broncearse, retozar, beber o reflexionar en la playa de las letras, el pulso del autor abarca lo sutil y lo desmedido así como lo provisional, lo puntual y por supuesto la travesura y esto lo digo porque pienso al haiku de dos maneras totalitarias: -alejadas una de la otra- una al desarrollarlo como experimento, que los escribes un poco en automático o como ejercicio para soltar la pluma algo así como cuando la magia es instantánea cuando el click de la selfie se apresura despacio para contener al instante y eternizarlo; la otra como género literario formal y pensado (tropicalización incluida) algo así como cuando llegas a lograrlos después de corregir y corregir, de pensarlos como capítulos de una novela, o un cuento que pasa por todas sus etapas.
2. LA EXCUSA QUE EMPLEAMOS PARA MOSTRARNOS
En Haikus Marinos, la excusa es simple. Se llama lenguaje y Elizondo nos dice cómo ve lo que ve; muchas veces cuando era joven me hacia la pregunta de por qué Monterrey -mi hermosa ciudad- no tenía playa, siempre la respuesta era la misma: claro que tiene, ¡es la isla del padre en Texas! (la cual se encuentra a unas 4 horas de Monterrey por carretera)
Todos reíamos afirmando tal verdad, lo hacíamos las más de las veces mientras mostrábamos nuestros pasaportes en el cruce rumbo a nuestras vacaciones de semana santa en “nuestra playa”, pero en otras épocas del año me volvía a hacer la misma pregunta, entonces imaginaba y recordaba aquel texto de José Emilio Pacheco que escuchaba en mi infancia de algún locutor que lo citaba en alguna estación de radio: Digamos que no tiene comienzo el mar. Empieza donde lo hallas por primera vez y te sale al encuentro por todas partes, Alguna vez, platicando con el maestro Pacheco, me comentó que estaba feliz con ese poema porque la mayoría lo citaba como de autor anónimo, que maravilla me dijo feliz llegar a ese rango: el anonimato, pero aquí los versos son de Fernando y hay que reconocer y agradecer de quien viene este regalo.
Eduardo Zambrano en el prólogo es más puntual que yo, más profesional, más serio y por supuesto más experto en el asunto del haiku que yo y se pregunta y reflexiona al mismo tiempo que en este género tradicional japonés cuyo vaso comunicante es la naturaleza, pocas veces se toca la imagen del mar, leo e imagino, leo y escribo esto desde el mar profundo que son mis pensamientos y en el deleite me sumerjo:
Del viaje al mar
solemos recordar que
estamos vivos.
Calmos estaban
los barcos en espera
de aventuras.
3. EL MAR COMO UNA OPCIÓN POÉTICA
Más allá de la escansión inevitable, automática más bien dicho, entiendo que lo poético, (volviendo al poema anónimo de Pacheco), es un mar, un mar que nos sale al encuentro en todas partes, Elizondo poniéndolo como pretexto y con espíritu desenfadado y alegre invita a la reflexión de más de diecisiete silabas porque señala todo lo que contiene el mar, el autor no se contiene y critica, revela fantasías, reclama, se queja, incluso lava alguna de sus culpas:
El mar devuelve
nuestra naturaleza
del yo salvaje.
No he podido
borrarme la obsesión:
sexo en el mar.
Las olas del mar
Unidas con el vino:
dos vaivenes.
4. EN LA LITERATURA LA VIDA ES MÁS SABROSA
Todo haiku vuelve al instante ostentoso, pero hablamos del mar y de la poesía, dos grandiosidades, Zambrano también menciona en el prólogo de Haikus Marinos una de sus alucinaciones características -él sabe que al decir esto me refiero a sus imaginerías de cómo se maquinan los textos- y ve al autor en un acuario queriendo hacer amistad con un tiburón, entonces pienso en los habitantes de ese lugar que desde sus vitrinas, es decir desde sus peceras contemplan a los visitantes curiosos y se compadecen de que aguantemos muy poquito la respiración bajo el agua, pero se pasean engreídos de un lado para que imaginemos veinte mil o más leguas de viajes submarinos y escribamos historias o poemas el don del escritor es acumular la claridad y proferir belleza y verdad, y Fernando J. Elizondo como pez en el agua, demuestra que con la literatura la vida es más sabrosa.
Fernando J. Elizondo Garza
Haikus marinos
(Opúsculos de la mancuspia)
UANL
2024
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